La influencia mutua de la práctica de la sumisión a Dios, la influencia de la práctica misma, tiene so-bre el humano manifestaciones tan considerables y ha dejado su huella tan profundamente marcada, que los ejemplos están muy extendidos.
Incluso podemos encontrar un ejemplo típico, y acaso haya más de uno, en la documentación extremadamente escasa acerca de la historia del gobierno musulmán en Suiza, casi seiscientos años antes de la fundación de esta venerable universidad.

Se refiere al devoto San Mayeul, el abad del monasterio de Cluny en Borgoña, y su encuentro con los musulmanes aquí: “Era tal el respeto que las personas le tenían, que su nombre fue una vez mencionado seriamente para ocupar el alto y exaltado puesto de Papa.”

El santo había estado en peregrinaje a Roma y en su regreso fue capturado por los musulmanes, quienes dominaban la campiña. Lo aprisionaron en una cueva y los musulmanes, “tocados por la calma inalterable del prisionero … trataron de mejorar un poco sus condiciones. Así, cuando necesitó algo de comida, uno de ellos, después de lavarse las manos, preparó un poco de masa en su escudo, lo cocinó y se lo entregó con gran respeto y consideración.” Uno de sus captores le recordó a otro que debía respetar la Biblia que el abad llevaba consigo, pues era el libro de Jesús.

El abad fue rescatado por los monjes de Cluny y liberado por sus captores sarracenos, y esta anécdota aún es recordada aunque haya sucedido en el año 972 de los cálculos cristianos. Es recontada en un libro reeditado por una editorial musulmana y leído en países islámicos, cuya última edición está fechada en 1964. Así, la base de la dedicación resuena a lo largo de los siglos, sin disminución… por miles de años.

El elefante en la oscuridad

Disponible por primera vez en español, en formato papel + eBook + audiolibro.

También, como siempre, lo puedes leer gratis aquí:

http://idriesshahfoundation.org/…/el-elefante-en-la-oscuri…/

La influencia mutua de la práctica






 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los sentimientos de respeto e interés en un sistema aliado no han sido unilaterales. En las áreas populares, narrativas y más ligeras de la amonestación oral, ha sido costumbre que los musulmanes y los cristianos tomaran las virtudes de los demás como textos de enseñanza. Hay un cuento semigracioso que los musulmanes se comparten entre sí, acerca de un musulmán que le preguntó a un cristiano por qué no adoptaba el islam. El cristiano dijo: “Hay dos islam: el que tú practicas y el islam del Corán. Si intentara estar a la altura del Corán, sería demasiado difícil para mí, ya que requiere que el hombre haga enormes esfuerzos para mejorarse a sí mismo, y como musulmán no podría recibir ninguna absolución de ningún hombre.”

“Pero”, dijo el musulmán, “¿qué pasa con el islam que llamas el otro tipo de islam… el que yo practico?”

“Si tuviera que comportarme como tú”, dijo el cristiano, “con tus bajos estándares de honestidad, mi mérito no mejoraría… sino que se vería reducido.”
La misma labor de compararse con otro hombre es de uso frecuente entre los cristianos. Por lo tanto, desde los primeros días de la confrontación entre las dos religiones, está frecuentemente registrado que los cristianos comparaban, al abordar a sus rebaños, los logros, la laboriosidad, la piedad y demás de los musulmanes con su propia conducta. En general, incluso atribuyen el éxito mundano de los musulmanes de su época a la práctica y al cumplimento de las ordenanzas de Dios – tanto directas como derivadas – vinculadas con la veracidad, la honestidad y la dedicación a los ideales.

Los sentimientos