Un derviche errante acudió corriendo a donde un Sufi estaba sentado en profunda contemplación, y dijo: “¡Rápido! Debemos hacer algo. Un mono acaba de agarrar un cuchillo.” “No te preocupes”, respondió el Sufi, “puesto que no ha sido un HOMBRE”. Cuando el derviche volvió a ver al mono, descubrió que, tal como era de esperar, había ya tirado el cuchillo.

(Kardan)

La sabiduría de los idiotas

 

El cuchillo / The knife



Se relata que el maestro Sufi Ibrahim ben Adam estaba un día sentado en el claro de un bosque cuando dos derviches errantes se acercaron; les dio la bienvenida y hablaron de asuntos espirituales hasta el atardecer.

Apenas anocheció, Ibrahim invitó a los viajeros a ser sus invitados durante la cena. Ellos aceptaron inmediatamente, y una mesa servida con los manjares más exquisitos apareció ante sus ojos.

“¿Hace cuánto que eres un derviche?”, preguntó uno de ellos a Ibrahim. “Hace dos años”, replicó él.

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El milagro del derviche real



 

Seguindo nosso objetivo de nutrir #corpo, #mente e #essência
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Como seria saber que neste ano na #Avalon , junto com suas famílias, as crianças criaram uma horta semi-hidropônica de morangos 🍓🍓, cujos nutrientes são controlados semanalmente pelos alunos do ensino fundamental 😍?
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#admissoes2020

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Inscrutable Fate

Nasrudin was walking along an alleyway when a man fell from a roof and landed on his neck. The man was unhurt; the Mulla was taken to hospital. Some disciples went to visit him. ‘What wisdom do you see in this happening, Mulla?’ ‘Avoid any belief in the inevitability of cause and effect! He falls off the roof – but my neck is broken! Shun reliance upon theoretical questions such as: “If a man falls off a roof, will his neck be broken?”’



Awad Afifi tenía un libro en el cual había escrito los relatos de sus conversaciones con sabios y filósofos durante veinte años de viajes y estudios.
Un día, un erudito lo visitó y preguntó si podía hacer una copia del libro.
“Sí”, dijo Awad, “por supuesto que puedes hacerla. Sin embargo, te cobraré mil piezas de oro por el servicio.”
“Esa es una tremenda suma a pagar por algo que tienes aquí, y que ni siquiera voy a agotar al copiarlo”, dijo el erudito; “y además, es indigno cobrar por el conocimiento.”
“No cobro por el conocimiento en sí”, dijo Awad, “pues el conocimiento no está en los libros: solamente algunas de las formas de obtenerlo. Con respecto a las mil piezas de oro, mi intención es gastarlas para cubrir los gastos de viaje de los discípulos que no pueden costearlo. Y en cuanto a lo elevado de la suma, he gastado cincuenta mil en mis viajes además de veinte años de mi vida. ¿Quizá puedas hacerme saber a cuánto equivale todo eso?”

Relación calidad-precio