Érase una vez un Sufi que, según se dice, iba a ser juzgado por un jurado por minar las creencias de la gente al escribir y decir cosas inquietantes que, de acuerdo con los juristas, deberían ser reservadas para mentes superiores.
Dado que era un hombre de gran importancia, se acordó que podría designar el tipo de personas, aunque no los individuos específicos, que deberían componer el jurado para su caso.
Él estipuló que deberían ser:
Un erudito, sin la túnica de su maestro, que admitiese que sus propios escritos no eran autoritativos; un derviche, cuyo orgullo le hiciese rechazar dinero aduciendo que corrompía, en vez de ser capaz de desapegarse de su efecto corruptor; un carnicero que no hubiese probado la carne durante tres meses; un rey que pudiese gobernar sabiamente sin consejeros; y un oficial a quien no quisiese ser tratado con respeto.
Esto fue, según cuentan, hace cien años; y el tribunal aún no ha sido reunido.

Una gacela velada

Puede leer el libro, gratis, aquí:
http://idriesshahfoundation.org/es/libros/una-gacela-velada/

JUICIO POSPUESTO


SUS LABIOS ESTÁN SELLADOS…


Érase una vez un médico sabio que tan solo tenía que cerrar sus ojos para que el remedio a la enfermedad de cualquier paciente se le mostrase en una imagen. Un día un hombre llegó y describió sus síntomas, y el doctor cerró sus ojos: vio la imagen del paciente comiendo algo nocivo, y se dio cuenta de que difícilmente podía prescribir tal medicamento, de modo que se limitó a decir:

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Se dice que cuando alguien llega al conocimiento de la Verdad Suprema, sus labios son sellados para que no la repita. Todo lo que puede hacer es intentar provocar en otros, sin decir por qué, la experiencia que él mismo ha tenido, de modo que la enseñanza pueda continuar a través de estos medios. A menudo debe hacer esto anónimamente, o al menos sin permitir que otros sepan que él sabe lo que les sucederá. Esto está contenido en la siguiente alegoría.

Érase una vez un instruido médico que tan sólo tenía que cerrar sus ojos para que el remedio a la enfermedad de cualquier paciente se le mostrase en una imagen. Un día un hombre llegó y describió sus síntomas, y el doctor cerró sus ojos: vio la imagen del paciente comiendo algo nocivo, y se dio cuenta de que difícilmente podía prescribir tal medicamento, de modo que se limitó a decir:

“Siento tener que decirle que usted es incurable… siga su camino.”
Poco después este enfermo se tendió a descansar al lado del camino, y cayó dormido. Su boca se abrió, y un escarabajo venenoso se arrastró dentro. El hombre despertó sobresaltado e intentó escupir el insecto, pero este lo picó antes de que pudiese expulsarlo. Durante un buen rato se sintió muy enfermo, pero algunas horas después se dio cuenta de que estaba curado.

Y, a pesar de que el hombre sabio se intentó proteger al no hablar del veneno, se convirtió en blanco del ridículo cuando la historia fue contada. El antiguo enfermo no desperdició oportunidad alguna de decirle a todo el mundo que había sido curado por la picadura de un escarabajo, cuando el doctor más famoso de la época había sido incapaz de hacer algo por él….

Una gacela velada
Puede leer el libro, gratis, aquí:
http://idriesshahfoundation.org/es/libros/una-gacela-velada/

SUS LABIOS ESTÁN SELLADOS…


Sus labios están sellados…

Se dice que cuando alguien llega al conocimiento de la Verdad Suprema, sus labios son sellados para que no la repita. Todo lo que puede hacer es intentar provocar en otros, sin decir por qué, la experiencia que él mismo ha tenido, de modo que la enseñanza pueda continuar a través de estos medios. A menudo debe hacer esto anónimamente, o al menos sin permitir que otros sepan que él sabe lo que les sucederá. Esto está contenido en la siguiente alegoría.
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SUS LABIOS ESTÁN SELLADOS…

Se dice que cuando alguien llega al conocimiento de la Verdad Suprema, sus labios son sellados para que no la repita. Todo lo que puede hacer es intentar provocar en otros, sin decir por qué, la experiencia que él mismo ha tenido, de modo que la enseñanza pueda continuar a través de estos medios. A menudo debe hacer esto anónimamente, o al menos sin permitir que otrossepan lo que él sabe que les sucederá. Esto está contenido en la siguiente alegoría.
Érase una vez un médico sabio que

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SUS LABIOS ESTÁN SELLADOS…

Se dice que cuando alguien llega al conocimiento de la Verdad Suprema, sus labios son sellados para que no la repita. Todo lo que puede hacer es intentar provocar en otros, sin decir por qué, la experiencia que él mismo ha tenido, de modo que la enseñanza pueda continuar a través de estos medios. A menudo debe hacer esto anónimamente, o al menos sin permitir que otros sepan lo que él sabe que les sucederá. Esto está contenido en la siguiente alegoría.
Érase una vez un médico sabio que tan solo tenía que cerrar sus ojos para que el remedio a la enfermedad de cualquier paciente se le mostrase en una imagen. Un día un hombre llegó y describió sus síntomas, y el doctor cerró sus ojos: vio la imagen del paciente comiendo algo nocivo, y se dio cuenta de que difícilmente podía prescribir tal medicamento, de modo que se limitó a decir:
“Siento tener que decirle que usted es incurable… siga su camino.”
Poco después este enfermo se tendió a descansar al lado del camino, y cayó dormido. Su boca se abrió, y un escarabajo venenoso se arrastró dentro. El hombre despertó sobresaltado e intentó escupir el insecto, pero este lo picó antes de que pudiese expulsarlo. Durante un buen rato se sintió muy enfermo, pero algunas horas después se dio cuenta de que estaba curado.
Y, a pesar de que el hombre sabio se intentó proteger al no hablar del veneno, se convirtió en blanco del ridículo cuando la historia fue contada. El antiguo enfermo no desperdició oportunidad alguna de decirle a todo el mundo que había sido curado por la picadura de un escarabajo, cuando el doctor más famoso de la época había sido incapaz de hacer algo por él….

SUS LABIOS ESTÁN SELLADOS…