Para Ibn el-Arabi, como para todos los Sufis, Muhammad representa el Hombre Perfeccionado. Al mismo tiempo, es necesario saber qué significado tiene ‘Muhammad’ en este contexto. Ibn el-Arabi es más explícito que la mayoría sobre este punto. Existen dos versiones de Muhammad: el hombre que vivió en La Meca y Medina, y el Muhammad eterno; es acerca de este último de quien habla. Este Muhammad es identificado con todos los profetas, incluyendo a Jesús. Esta idea ha sido la causa de que gente con formación cristiana afirme que Ibn el-Arabi o los Sufis eran cristianos en secreto. La afirmación Sufi es que todos los individuos que han cumplido determinadas funciones son, en cierto sentido, uno solo. A esta unidad en su origen la llaman haqiqat-el-Muhammadia, la Realidad de Muhammad.
Los Sufis
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Es más que interesante observar el efecto de los relatos de Nasrudín sobre la gente en general. Aquellos que prefieren las emociones más ordinarias de la vida se aferran a su significado obvio e insisten en tratarlos como chistes. Entre estos está la gente que colecciona o lee libritos de chistes, y que muestra un visible desasosiego cuando se les cuentan relatos metafísicos o “inquietantes”.
El propio Nasrudín contesta a estas personas en uno de sus chistes más breves:

“Dicen que tus chistes están llenos de significados ocultos,
Nasrudín. ¿Es así?”
“No.”
“¿Por qué no?”
“Porque en mi vida jamás he dicho la verdad, ni siquiera una vez: y nunca seré capaz de hacerlo.”

Los Sufis

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La regeneración de una parte esencial de la humanidad es, según los Sufis, el objetivo del ser humano. La separación del hombre de su esencia es la causa de su desarmonía e insatisfacción. Su misión es la purificación de la escoria y la activación del oro. El medio para lograrlo se encuentra dentro del hombre: es la Piedra Filosofal. La palabra árabe para piedra está asociada con la palabra para designar lo “oculto, prohibido”. Por consiguiente el símbolo de la piedra fue adoptado según la regla normal de asonancia utilizada entre los Sufis.

La piedra, la cosa oculta, que es tan poderosa, se llama también azogue en Occidente. Los orientalistas han determinado que azogue proviene de una de estas dos palabras: el-dhat (o ez-zat), que significa esencia o realidad interna; o bien zibaq, mercurio. La piedra, según los Sufis, es el dhat, la esencia, la cual es tan poderosa que puede transformar cualquier cosa que entre en contacto con ella. Es la esencia del hombre, la cual participa de aquello que la gente llama lo divino. Es la “luz solar”, capaz de elevar a la humanidad hasta la etapa siguiente.

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El espíritu de escepticismo sobre cuestiones metafísicas no se limita en modo alguno a Occidente. En Oriente, no es inusual que la gente diga que sienten que el discipulado en una escuela mística los privará de su autonomía o les robará algo. Generalmente tales personas son ignoradas por los Sufis pues aún no han alcanzado la fase en que comprenderán que ya son prisioneros de una tiranía mucho peor (la del Viejo Villano) que cualquier cosa que pudiera ocurrirles en una escuela mística. Hay un sucinto chiste de Nasrudín que señala esto:
“Oigo a un ladrón en el piso de abajo”, le susurró una noche la esposa al Mulá.
“No oigo nada”, contestó Nasrudín. “No tenemos nada que pueda robarnos. Si hay suerte, tal vez él se deje algo olvidado.”
Nasrudín, ladrón de muchas casas vacías, siempre deja algo en ellas si los moradores saben reconocerlo.

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