La regeneración de una parte esencial de la humanidad es, según los Sufis, el objetivo del ser humano. La separación del hombre de su esencia es la causa de su desarmonía e insatisfacción. Su misión es la purificación de la escoria y la activación del oro. El medio para lograrlo se encuentra dentro del hombre: es la Piedra Filosofal. La palabra árabe para piedra está asociada con la palabra para designar lo “oculto, prohibido”. Por consiguiente el símbolo de la piedra fue adoptado según la regla normal de asonancia utilizada entre los Sufis.

La piedra, la cosa oculta, que es tan poderosa, se llama también azogue en Occidente. Los orientalistas han determinado que azogue proviene de una de estas dos palabras: el-dhat (o ez-zat), que significa esencia o realidad interna; o bien zibaq, mercurio. La piedra, según los Sufis, es el dhat, la esencia, la cual es tan poderosa que puede transformar cualquier cosa que entre en contacto con ella. Es la esencia del hombre, la cual participa de aquello que la gente llama lo divino. Es la “luz solar”, capaz de elevar a la humanidad hasta la etapa siguiente.

Los Sufis
Puedes leer el libro aquí, gratis:
http://idriesshahfoundation.org/es/books/the-sufis/


El espíritu de escepticismo sobre cuestiones metafísicas no se limita en modo alguno a Occidente. En Oriente, no es inusual que la gente diga que sienten que el discipulado en una escuela mística los privará de su autonomía o les robará algo. Generalmente tales personas son ignoradas por los Sufis pues aún no han alcanzado la fase en que comprenderán que ya son prisioneros de una tiranía mucho peor (la del Viejo Villano) que cualquier cosa que pudiera ocurrirles en una escuela mística. Hay un sucinto chiste de Nasrudín que señala esto:
“Oigo a un ladrón en el piso de abajo”, le susurró una noche la esposa al Mulá.
“No oigo nada”, contestó Nasrudín. “No tenemos nada que pueda robarnos. Si hay suerte, tal vez él se deje algo olvidado.”
Nasrudín, ladrón de muchas casas vacías, siempre deja algo en ellas si los moradores saben reconocerlo.

Los Sufis

La nueva traducción está disponible en todos los formatos: impreso, eBook y muy pronto el audiolibro.

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El chiste o fábula corriente, conteniendo solamente un punto o énfasis, no puede compararse con el sistema de Nasrudín, idealmente un recital participativo que ejerce un efecto tanto interior como exterior o superficial. Las parábolas, fábulas o chistes ordinarios son considerados místicamente estériles porque carecen de penetración o verdadera fuerza regeneradora.

Aunque la compleja ingenuidad e intención del cuento de Nasrudín es más avanzada que, digamos, la figura de Baldakiev de los rusos, el Joha de los árabes o el Bertoldo de los italianos – todos ellos conocidos personajes cómicos –, algo acerca de la diferencia de profundidad en los relatos puede determinarse por medio de los chistes del Mulá y sus equivalentes apariciones esporádicas en otras partes.

Un cuento zen provee un ejemplo interesante. En él, un monje pide a un maestro que le dé una versión de la realidad más allá de la realidad. El maestro agarra una manzana podrida, y el monje percibe la verdad por medio de este signo. Se nos deja a oscuras en lo referido a qué yace detrás de, o qué lleva hacia, la iluminación.

La historia de Nasrudín acerca de una manzana, completa una gran parte de los detalles faltantes:

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