Hemos visto cómo los cristianos y los musulmanes han pensado de forma similar y trabajado juntos, cómo han respetado la espiritualidad y el servicio del otro, y cómo cada uno ha apreciado el concepto de entrega que es inherente a la tradición que los une.

Antes de profundizar en la sociología, la psicología o la historia de las dos religiones, quiero contarles algo sobre un enfoque musulmán típico. Aquí están las palabras de uno de nuestros más grandes místicos, al-Ghazzali (1058-1111), cuyas obras fueron tan estimadas en la Edad Media de la cristiandad que, así como está registrado en Occidente, los clérigos sostenían la creencia de que en realidad era un escritor cristiano, “versado en la doctrina”; mientras que Ghazzali era, por supuesto, no solo un místico Sufi experiencial sino también un exprofesor de teología islámica del Nizamia en Bagdad.

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Fue casi tres décadas después, en la ocasión más importante de la vida de Muhammad, que otro cristiano – un árabe – devoto y bien versado en las Escrituras, un hombre que había buscado el camino Hanifita, entró en su vida. Esto fue en el año 610 d.c, cuando Muhammad recibió en la Cueva en el Monte Hira su primera experiencia espiritual y temió haberse vuelto loco; o – tal como dijo – transformado en poeta. Cuando la voz se dirigió a él, fue temblando de miedo a ver a su esposa en La Meca diciendo: “¡Ay de mí, poeta o poseído!”. Incluso había pensado en arrojarse desde lo alto de las rocas para suicidarse. Muhammad pensó que la gente nunca creería lo que tenía para decir, pero ella le recordó que tenía un carácter impecable y que era conocido por el título de al-Amin, el veraz.
De inmediato ella llevó a su esposo a lo de su primo Waraqah, hijo de Nofal, el devoto cristiano, para pedir su consejo. Waraqah escuchó el relato de la voz y lo que había dicho, y exclamó:

“¡Por el Dios santísimo! Si lo que has dicho es verdad, esta es la voz del Ángel que se le apareció a Moisés… No lo dudes Khadija, tu marido es el Profeta que ha surgido de la tribu de los Quraish…” Y él le dijo a Muhammad: “Si yo fuese a estar en el mundo de los vivos cuando tus parientes te envíen al exilio… quienquiera que traiga lo que tú traes caerá víctima de una persecución de lo más ruin.”

La voz había dicho, conservada en el Corán (74, 1 s.): “¡Oh Tú, envuelto en tu manto! Levántate y advierte.”

Fue casi tres décadas después


Cuando se le pidió al profeta Muhammad que maldijese a los infieles, él contestó, según la tradición acreditada: “Yo no fui enviado para esto, sino que fui enviado como una misericordia para la humanidad”. Además dijo: “Es indigno herir la reputación de la gente; y es indigno maldecir a cualquiera; y es indigno abusar de cualquiera; y es indigno para los creyentes el hablar en vano.”


¿Qué piensan los musulmanes de Jesús y por qué piensan de cierta manera acerca de su misión, su entrega y su gente? Un distinguido clérigo y trabajador cristiano en el campo de la religión comparada ha recordado recientemente a sus lectores ingleses que Jesús es conocido como al-Sayyed, el Príncipe o “el Señor”, lo cual es una señal de honor. “El título al-Sayyid”, continúa, “se usa particularmente para Muhammad y sus descendientes, pero también para otras grandes personas. En City of Wrong, un estudio de Jerusalén durante un Viernes Santo desde el punto de vista de la ortodoxia musulmana, el título ‘el Señor Cristo’ se usa asiduamente.”

El importante lugar que ocupó Jesús entre los seiscientos millones de musulmanes del mundo , diseminados desde las costas atlánticas de Marruecos en el oeste hasta la China, Filipinas e Indonesia en Oriente, y el consenso de ambas religiones sobre la necesidad de entregarse a Dios como medio de salvación, hacen que sea relativamente fácil para un musulmán dirigirse a los cristianos: la simpatía y la historia ya están allí.

 

El Elefante en la Oscuridad (da click para leer el libro en Español, English y Portugués)