El sabio Sufi Saadi de Shiraz estaba en camino a Bagdad cuando la caravana en la que viajaba fue atacada por bandidos.
Cuando estos le pidieron sus posesiones, Saadi le dio al jefe de los ladrones un montón de libros y algunas monedas de oro.
“Esto se los doy como un regalo, de modo que no lo consideren como robado,” dijo, “pero hagan buen uso de ello.”
Los ladrones se mofaron, y su jefe dijo:
“Supongo que estás intentando enseñarnos la bondad.”
“No” dijo Saadi, “no creo que les pueda enseñar nada. De modo que espero que acepten estos libros y el dinero libremente, y que a cambio hagan algo con ellos.”
“¿Y qué sería eso?”
“Encuentren a un hombre sabio, denle estos libros y paguen su manutención. Dejen al menos que le enseñe a sus hijos acerca de los males del robo, de modo que ellos no repitan sus errores”.

El buscador de la verdad

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