La doctrina Sufi nos dice que en el momento de la creación de cada criatura se escuchó a una voz divina hacer la pregunta: ‘¿Acaso vos no sois de Dios? ¿Acaso vos no estáis ligados por una solemne alianza con vuestro Creador?’ Y cada espíritu creado respondió: ‘Sí’, mientras se encontraba ante la presencia del mismísimo Todopoderoso. De ahí que las palabras místicas alastu, ‘acaso vos no sois’, y bala , ‘sí’ , aparezcan con tanta frecuencia en la poesía Sufi. Por ejemplo, Rumi comenzó su alabado Masnawi, el cual me he aventurado a traducir en verso occidental, del siguiente modo:

 

LA FLAUTA

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La Flauta


Se necesita una mente de alto rango para reconocer el gran esquema de Dios a primera vista. Pocas mentes tienen éxito en hacerlo. La mayoría de las personas necesitan una larga experiencia antes de poder apreciar el maravilloso plan del Todopoderoso. Para una mente naturalmente pura y angélica esta asombrosa sinfonía cósmica es aparente desde el principio. Así fue para Mohammed, para Boheme, para Swedenborg, para Blake. ¿Qué es el hombre, después de todo, sino el manto del alma? Cuando decimos que un hombre es ‘intrínsecamente malo’, aludimos al estado de su mente heredada, no de su alma. El ropaje puede ser andrajoso, la escoria puede cubrir el oro, pero este sigue estando allí. Nuestros cuerpos son de la tierra y, así como nuestros padres, nos dejan. Nuestras almas son de Dios. ¡Oh hombre! ¿Existe cosa alguna que, poseyendo la amistad de Dios, no puedas conseguir? ¿Acaso tu alma no se esfuerza hacia Él como la montaña se alza hacia el sol y las aguas del mar hacia la luna? Verdaderamente avanzas en la luz de Su fortaleza, en el inextinguible brillo de Su ilimitada majestad, como una gran estrella – alumbrada por los rayos de un sol aún mayor – se lanza hacia los senderos de la noche iluminados por un millón de lámparas. Así como un barco es movido por las brillantes olas de la mañana, del mismo modo eres tú apremiado por el aliento de Su espíritu. Ciertamente eres de Dios como un niño es de su padre. ¿Qué es lo que tienes que temer entonces, Oh hijo de tal Padre?

Se necesita una mente de alto rango


El microcosmos, o pequeño mundo, dijo el gran Paracelso – uno de los más ilustrados europeos del siglo dieciséis, que había viajado ampliamente por Oriente – no es sino el reflejo del macrocosmos o gran mundo superior: el mundo espiritual que se refleja a sí mismo en el plano inferior. Para él era muy evidente la naturaleza ilusoria y fantasmal de la esfera en la que moramos. Ciertamente ningún místico europeo del pasado habría encontrado algo que objetar en los principios del Sufismo. En mi opinión, tanto el misticismo occidental como el oriental tienen una pesada deuda con la filosofía Sufi, y aquellos que creen en uno deben de modo natural creer en ambos.

Pensamiento y acción Sufi

Disponible por primera vez en español, en formato papel + ebook. También lo puedes leer gratuitamente aquí:

https://idriesshahfoundation.org/es/books/sufi-thought-and-action

 


El materialismo, el apego a las cosas del mundo, conlleva orgullo. Muchas personas religiosas sufren de orgullo: obteniendo placer e incluso regodeándose de ser buenas o religiosas. En círculos religiosos ordinarios es tan común que no se haga distinción entre las personas espirituales y las autoengañadas, que una enseñanza como la que el Sufismo ofrece sobre este punto ha sido considerada vital como un recordatorio y correctivo constante. Los más orgullosos aborrecen intensamente este recordatorio. Como consecuencia, siguiendo un patrón común, atacan a los Sufis… no a su propio problema.

Su problema es uno que los psicólogos han reconocido hace mucho; pero, cuando es absorbido por la retórica o la teología, suele escapar al análisis. Sus consecuencias, que oscilan desde el sacárselo de encima hasta la ingeniosísima malevolencia, reducen la posibilidad de que circule la información correcta. Se puede engendrar una hostilidad considerable de modo experimental para demostrar este padecimiento. Yo mismo, por ejemplo, más de una vez he enervado a “especialistas” contándoles chistes; y he complacido a otros de su tipo al proporcionar una apariencia de lo que en este momento está
de moda denominar aplomo.

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Orgullo en la religión


Escape del aislarse de la Verdad:

“Puliendo el espejo” o “desempolvando”, son términos Súficos que se refieren al proceso de liberarse de esos elementos, naturales y adquiridos, con los cuales “el mundo” aísla a la humanidad del contacto con la Verdad superior.

Los Sufis, lejos de poder construir sobre la mentalidad de creencias condicionadas, en general tienen que ayudar a “desintoxicar” la mente de ilusiones, fijaciones o ideas basadas en emociones dañinas, obtusas u otras imaginadamente importantes.

En el Sufismo, el alma humana (ruh) es aquello capaz de percibir la realidad objetiva. Materialidad es el término empleado para aquello que lastra al alma.
El alma se concibe como una parte de un único “mar”, un “Mar de Paz”, en cuya superficie las ondas, las olas y las tormentas constituyen los efectos del materialismo, el apego a los objetos y al pensamiento negativo.

Hablando de la unidad primordial del ser, Rumi, en el primer libro de su Mathnawi, dice:

Éramos vastos y éramos todos una sola substancia Sin cabeza ni pie éramos, todos una sola cabeza.
Éramos todos una sola substancia, como la luz del sol:
Sin nudos éramos, y claros como el agua.

Pensamiento y acción Sufi

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