Un hombre fue a ver a Jan Fishan y dijo:
“He seguido a muchos maestros y estoy en contacto con un gran número de sabios. Por favor, préstame tu propia atención y ayuda.”
Jan Fishan contestó:

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Jan Fishan y el buscador



 

 

 

 

 

 

 

 

 

A Shah Firoz, quien es recordado como el maestro de muchos distinguidos Sufis, se le preguntaba a menudo durante su vida por qué no les enseñaba más rápido.
Dijo:
“Porque puede que incluso la voluntad más dedicada, hasta cierto punto de comprensión, no sea en absoluto enseñable. Él está aquí en persona mas ausente en cualquier otra manera.”
También recitaba este cuento.

Había una vez un rey que quería convertirse en Sufi. El Sufi al cual abordó acerca del asunto dijo:

“Su majestad no podrá estudiar con los Elegidos hasta que haya vencido al descuido.”
“¿Descuido?”, dijo el rey. “¿Acaso no soy diligente con mis obligaciones religiosas? ¿No cuido de la gente? ¿A quién puedes encontrar en todo mi reino que tenga una queja contra mí debido al descuido?”
“Precisamente esa es la dificultad”, dijo el Sufi, “pues el cuidado está tan marcado en algunas cosas que la gente imagina que debe de ser parte de su textura.”
“No puedo entender ese tipo de comentarios”, dijo el rey, “y quizá me consideres inadecuado porque no puedo desentrañar tus acertijos.”
“En absoluto”, dijo el Sufi; “pero un aspirante a discípulo realmente no puede tener un debate con su potencial maestro. A los Sufis les interesa el conocimiento, no la polémica. Pero te daré una demostración de tu descuido, si llevas a cabo una prueba y haces lo que pida respecto a ella.”
El rey accedió a hacer la prueba, y el Sufi le dijo que respondiera “te creo” a todo lo que le dijera durante los pocos minutos siguientes.
“Si esto es una prueba, es bastante fácil comenzar a convertirse en Sufi”, dijo el rey.
Entonces el Sufi empezó la prueba. Dijo:

“Soy un hombre de más allá de los cielos.”
“Te creo”, respondió el rey.
El Sufi continuó:

“La gente común trata de obtener conocimiento; los Sufis tienen tanto que intentan no usarlo.”
“Te creo”, contestó el rey.
Entonces el Sufi dijo:
“Soy un mentiroso.”
“Te creo”, respondió el rey.
El Sufi siguió:
“Yo estuve presente cuando naciste.”
“Te creo”, dijo el rey.
“Y tu padre era un campesino”, agregó el Sufi.
“¡Eso es mentira!”, gritó el rey.
El Sufi lo miró tristemente y dijo:
“Ya que eres tan descuidado que ni siquiera puedes acordarte de decir por un minuto ‘te creo’ sin que entre en juego algún prejuicio, ningún Sufi será capaz de enseñarte nada.”

Pensadores de Oriente

Ya está disponible la nueva traducción, en formato impreso + eBook + audiolibro.

Puedes también leerlo gratuitamente aquí:

https://idriesshahfoundation.org/…/boo…/thinkers-of-the-east

Cuando incluso los reyes son débiles…




 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una vez un maestro Sufi anunció que estaba restableciendo la Ceremonia de los Regalos, en la cual, una vez al año, se llevaban ofrendas al santuario de algún maestro célebre.

Gentes de todos los rangos vinieron desde muy lejos para dejar sus presentes y escuchar, si era posible, algo de la enseñanza del Maestro.

El Sufi ordenó que se colocaran los regalos en el centro de su sala de audiencia, con todos los donantes en círculo alrededor de ellos. Luego avanzó hacia el centro del círculo.

Levantó los regalos uno por uno. Aquellos que tenían nombre los devolvió a sus respectivos dadores.
“Los demás”, dijo, “son aceptados.”

“Todos ustedes han venido para recibir una enseñanza, y aquí está. Puede que ahora aprendan la diferencia entre la conducta inferior y la conducta superior.

“La conducta inferior es la que se enseña a los niños, y es una parte esencial de su preparación. Es encontrar placer en el dar y el recibir. Pero la conducta superior es dar sin añadir, con palabras o pensamiento, obligación alguna. Por lo tanto, elévense a la segunda conducta, de la menor a la mayor.

“Quienquiera que siga alimentándose de la conducta menor no se elevará. Tampoco pueden recibir satisfacción como pago en el nivel inferior. Este es el significado de la enseñanza de la sobriedad. Desapéguense de los placeres menores, tal como pensar que han hecho el bien, y alcancen un logro mayor: el de realmente haber hecho algo útil.”

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Los regalos