Una vez un maestro Sufi anunció que estaba restableciendo la Ceremonia de los Regalos, en la cual, una vez al año, se llevaban ofrendas al santuario de algún maestro célebre.

Gentes de todos los rangos vinieron desde muy lejos para dejar sus presentes y escuchar, si era posible, algo de la enseñanza del Maestro.

El Sufi ordenó que se colocaran los regalos en el centro de su sala de audiencia, con todos los donantes en círculo alrededor de ellos. Luego avanzó hacia el centro del círculo.

Levantó los regalos uno por uno. Aquellos que tenían nombre los devolvió a sus respectivos dadores.
“Los demás”, dijo, “son aceptados.”

“Todos ustedes han venido para recibir una enseñanza, y aquí está. Puede que ahora aprendan la diferencia entre la conducta inferior y la conducta superior.

“La conducta inferior es la que se enseña a los niños, y es una parte esencial de su preparación. Es encontrar placer en el dar y el recibir. Pero la conducta superior es dar sin añadir, con palabras o pensamiento, obligación alguna. Por lo tanto, elévense a la segunda conducta, de la menor a la mayor.

“Quienquiera que siga alimentándose de la conducta menor no se elevará. Tampoco pueden recibir satisfacción como pago en el nivel inferior. Este es el significado de la enseñanza de la sobriedad. Desapéguense de los placeres menores, tal como pensar que han hecho el bien, y alcancen un logro mayor: el de realmente haber hecho algo útil.”

Ya está disponible la nueva traducción, en formato impreso + eBook + audiolibro.

Puedes también leerlo gratuitamente aquí:

https://idriesshahfoundation.org/…/boo…/thinkers-of-the-east

Los regalos







Awad Afifi tenía un libro en el cual había escrito los relatos de sus conversaciones con sabios y filósofos durante veinte años de viajes y estudios.
Un día, un erudito lo visitó y preguntó si podía hacer una copia del libro.
“Sí”, dijo Awad, “por supuesto que puedes hacerla. Sin embargo, te cobraré mil piezas de oro por el servicio.”
“Esa es una tremenda suma a pagar por algo que tienes aquí, y que ni siquiera voy a agotar al copiarlo”, dijo el erudito; “y además, es indigno cobrar por el conocimiento.”
“No cobro por el conocimiento en sí”, dijo Awad, “pues el conocimiento no está en los libros: solamente algunas de las formas de obtenerlo. Con respecto a las mil piezas de oro, mi intención es gastarlas para cubrir los gastos de viaje de los discípulos que no pueden costearlo. Y en cuanto a lo elevado de la suma, he gastado cincuenta mil en mis viajes además de veinte años de mi vida. ¿Quizá puedas hacerme saber a cuánto equivale todo eso?”

Relación calidad-precio


Gente afortunada / Lucky People

 

Ishan Turki envió a un discípulo, completamente solo, a un largo viaje. Sus instrucciones eran buscar a personas que se consideraran afortunadas y solamente pasar tiempo con ellas; estar y comer con ellas; y mantenerse trabajando para ellas.
Cuando se le preguntó por qué hizo esto, el Maestro dijo:
“Toda la gente que se considera a sí misma afortunada tiene el tipo de calma a la cual deseaba exponer a mi discípulo. La mejor forma de posibilitarle encontrar ese tipo de gente era describir la principal característica que tendrían tales personas.
“Si le hubiese pedido que encontrase gente con calma, no habría sabido cómo hacerlo.”
Un interrogador preguntó:
“Pero, ¿y si hubiese encontrado a un hombre genuinamente ‘afortunado’ que sabía que era afortunado, y no a uno que apenas lo imaginaba porque era calmo y optimista?”

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