Nasrudín es el espejo en el que uno se ve a sí mismo. A diferencia de un espejo común, cuanto más se contempla, más se proyecta el Nasrudín original sobre él. Este espejo es comparado a la célebre Copa de Jamshid, el héroe persa, que refleja el mundo entero y dentro de la cual los Sufis “miran”.

Dado que el Sufismo no se basa en la conducta o comportamiento artificial en el sentido de detalle externo, sino en el detalle comprensivo, los cuentos de Nasrudín tienen que ser experimentados además de meditados. Incluso el experimentar cada historia contribuirá al “regreso a casa” del místico. Uno de los primeros desarrollos de este regreso a casa es cuando el Sufi muestra signos de una percepción superior. Por ejemplo, será capaz de comprender una situación por medio de la inspiración y no por una cerebración formal. Sus actos, por consiguiente, pueden a veces desconcertar a los observadores que trabajan en el plano ordinario de la consciencia: pero sin embargo sus resultados serán correctos.

Leer Más

Nasrudín


La astucia del Mulá, forzosa por la necesidad de esquivar las redes tendidas por el Viejo Villano, aparece en un cuento tras otro. Su locura aparente es característica del Sufi, cuyos actos pueden ser inexplicables y antojarse demenciales al observador. En un cuento tras otro él subraya la aseveración Sufi de que no puede obtenerse nada sin pagar por ello. Este pago puede tomar una de las muchas formas de sacrificio: de ideas arraigadas, de dinero, del modo de hacer las cosas. Este último punto es esencial, porque la búsqueda Sufi es imposible si las áreas empleadas para el viaje ya están ocupadas por elementos que impiden que el viaje pueda realizarse.

Y no obstante, al final, Nasrudín escapa sin castigo. Esto señala el hecho de que aun cuando el Sufismo exija privaciones en las primeras fases y pueda parecer que el Buscador está “pagando”, realmente no paga nada en absoluto. Es decir, no paga con nada que tenga un valor definitivo.

La actitud Sufi para con el dinero es especial, bien alejada de la suposición superficial, filosófica o teológica de que el dinero es el origen de todos los males, o que de alguna manera la fe se opone al dinero.

Leer Más

La astucia del Mulá


Los Sufis usan términos técnicos para formular un equivalente aproximado de los misterios que no han de ser verbalizados. Hasta que el buscador esté listo para “captar” la experiencia, se hallará protegido de cometer el error de intentar investigar acerca de ella intelectualmente mediante el uso de estos tecnicismos. El Sufismo, siendo él mismo resultado de la especialización consciente, ha descubierto que no existe un atajo hacia la iluminación. Esto no significa que se requiera mucho tiempo para alcanzarla. Significa que el Sufi debe atenerse al Camino.

Nasrudín, representando el papel de un hombre que busca un atajo, figura en un chiste que transmite esta idea:

Era una mañana espléndida, y el Mulá iba caminando hacia su casa. Pensó: “¿Por qué no tomar un atajo a través del hermoso bosque que hay junto al polvoriento camino?”
“¡Es un día único, un día para búsquedas afortunadas!”, exclamó para sí, adentrándose en la espesura.
Casi inmediatamente se encontró en el fondo de un pozo escondido.

Leer Más

Nasrudín





Todas las personas, cuando llegan a cierta fase de mera sofisticación personal, creen que pueden encontrar por sí solas el camino hacia la iluminación. Esto es negado por los Sufis, quienes se preguntan cómo una persona puede encontrar algo cuando no sabe lo que es.
“Todos se han convertido en buscadores de oro”, dice Rumi, “pero la gente común no lo conoce cuando lo ve. Si no puedes reconocerlo, únete a un hombre sabio.”
Los Sufis

Todas las personas


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo que menos se pretende con la escritura de este libro es que vaya a ser considerado hostil para con el escolasticismo o el método académico. Eruditos de Oriente y Occidente han consagrado heroicamente sus vidas laborales a proporcionar, por medio de sus propias disciplinas, el material literario y filosófico Sufi al mundo entero. En muchos casos han fielmente registrado la propia insistencia de los Sufis en que el Camino de los Sufis no puede ser comprendido por medio del intelecto o del aprendizaje ordinario a través de libros. El hecho de que este principio no les haya impedido intentar traer al Sufismo dentro del ámbito de su propia comprensión es un tributo a su honradez intelectual y a la fe en su propio sistema de investigación.

Sin embargo, sería falso para con el Sufismo no afirmar que este no puede ser apreciado más allá de cierto punto excepto dentro de una situación real de enseñanza, la cual requiere la presencia física de un maestro Sufi. Para el Sufi, no es casual que la “doctrina secreta”, cuya existencia ha sido sospechada y buscada desde tiempo inmemorial, resulte ser tan elusiva para el buscador. Si, digamos, el comunismo es una religión sin un dios, el estudio académico del Sufismo sin ser de alguna forma un “Sufi operante” es el Sufismo despojado de su factor esencial. Si esta aserción va en contra de la tradición racional de que todo individuo puede encontrar la verdad solamente mediante el ejercicio de las facultades con las cuales ha sido dotado, hay solo una respuesta. El Sufismo, la “tradición secreta”, no se encuentra disponible sobre una base de suposiciones que pertenecen a otro mundo, el mundo del intelecto. Si se siente que la verdad sobre hechos extrafísicos debe ser buscada solamente por medio de un modo de pensar, el racional y “científico”, no podrá haber contacto entre el Sufi y el buscador supuestamente objetivo.

La literatura y enseñanza preparatoria Sufis están diseñadas para ayudarnos a cerrar la brecha entre estos dos mundos de pensamiento. Si no fuese posible proporcionar puente alguno, este libro sería inútil y no debería haber sido escrito.

Los Sufis

La nueva traducción está disponible en todos los formatos: impreso (tapa blanda y dura), eBook y muy pronto el audiolibro.

También lo puedes leer gratis, aquí:

https://idriesshahfoundation.org/es/books/los-sufis/

Prefacio