Muy poco después de la muerte de Maulana Bahaudin Naqshband, un harapiento se acercó a su tumba y exigió:“Condúzcanme hasta el califa (diputado).” El califa no estaba allí. Agregó: “Permitan que Bibi Jan, la viuda del Maulana, me identifique.”Todos estaban perplejos ante el forastero y los seguidores que quedaban del Maulana no sabían qué decir o hacer. El errante dijo:“¡No hay califa, no hay comprensión! Entonces les voy a mostrar algo que incluso un hombre-asno debería saber.”Produjo el sello de Bahaudin Naqshband. Ahora este hombre fue tratado con honores, pero pidió que lo condujesen al muro que estaba frente a la colina de Tillaju; derrumbó parte de aquel muro y les dijo a los presentes que excavasen sus cimientos. Entonces quitó ciertos objetos que estaban enterrados allí y dijo:“Estos son para mí. Habrían sido para los discípulos si hubiesen sido Adeptos.”Alguien preguntó:“¿Por qué los discípulos no los recibieron?”Dijo:“El-Shah les dijo que excavasen los cimientos del muro, pero en cambio construyeron el muro allí arriba. Así que en algún momento el muro habría caído y los invaluables objetos se hubiesen perdido. La holgazanería de los murids (discípulos) para los trabajos manuales, y su superioridad en la imaginación, ha provocado su anulación en el reino espiritual.”Un murid preguntó:“¿Podremos saber de aquellos que no son como nosotros, pues ansiamos conocimiento?”El misterioso derviche dijo:“Aquellos que podrían saber, ya saben; para aquellos que quedan, es demasiado tarde para saber. Por ende se sienten satisfechos por haber estado cerca de el-Shah. Pero sería mejor si se dispersaran. De lo contrario, simplemente repetirán los nombres y las fórmulas de el-Shah y la gente se extraviará al imaginar que esto es Sufismo.”Alguien comentó:“¿Cuál de los Iluminados eres, qué Wali, qué Abdal? ¿No te quedarás con nosotros?”Contestó:“Soy el sirviente de menor rango de los Maestros, los Khwajagan. Un sirviente solamente puede quedarse donde es capaz de cumplir las órdenes de su maestro. No puedo llevar a cabo el servicio de la humildad en compañía de la arrogancia.”Alguien preguntó:“¿Cómo podemos reducir nuestra arrogancia?”Dijo:“Pueden reducirla dándose cuenta de que no son dignos de ser representantes de las enseñanzas de el-Shah; los indignos están doblemente incapacitados. Se autoengañan al imaginar que están estudiando el Camino. Descaminan a otros cuando pretenden enseñarles, incluso mediante insinuación. “Esto no es estudio. Esto no es enseñanza. Donde no hay un representante, la imitación de su posición equivale a una usurpación; la usurpación destruye el alma.”

La sabiduría de los idiotas

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También, como siempre, lo puedes leer gratuitamente aquí: https://idriesshahfoundation.org/…/wisdom-of-the-idiots

El portador del sello






 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ayaz era amigo íntimo y esclavo del gran conquistador Mahmud el Destructor de Ídolos, monarca de Gazna; primero había llegado a la corte como un esclavo muy pobre y luego Mahmud lo convirtió en su consejero y amigo.
Los otros cortesanos estaban celosos de Ayaz y observaban todos sus movimientos, con la intención de denunciarlo por alguna falla suya y así provocar su caída.
Un día, estos celosos fueron a ver a Mahmud y dijeron:
“¡Sombra de Alá sobre la tierra! Has de saber que, infatigablemente entregados a tu servicio, hemos estado vigilando de cerca a tu esclavo Ayaz. Ahora debemos reportar que todos los días, apenas se va de la corte, Ayaz se encierra en una habitación pequeña donde no se le permite la entrada a nadie; pasa un rato allí y luego va a sus propios aposentos. Tememos que este hábito suyo pueda estar relacionado con un secreto inconfesable; acaso allí se junte con conspiradores que tienen planes de quitarle la vida a su majestad.”
Durante mucho tiempo Mahmud se negó a escuchar nada en contra de Ayaz; mas el misterio de la habitación cerrada asedió su mente hasta que sintió que tenía que interrogar a Ayaz.
Un día, cuando Ayaz salía de su cuarto privado, un Mahmud rodeado de cortesanos apareció y exigió que se le mostrase la habitación.
“No”, dijo Ayaz.
“Si no me permites entrar a la habitación, toda la confianza que tengo puesta en ti como hombre fidedigno y leal se habrá evaporado, y en adelante jamás podremos mantener nuestra relación en los mismos términos. Elige”, dijo el feroz conquistador.
Ayaz lloró; luego abrió la puerta de la habitación y permitió que entrasen Mahmud y su personal.
El cuarto no tenía ni un mueble; todo lo que había era un gancho en la pared, del cual colgaba una andrajosa túnica emparchada, un bastón y un cuenco de mendigo.
El rey y sus cortesanos eran incapaces de comprender el significado de este descubrimiento.
Cuando Mahmud exigió una explicación, Ayaz dijo:
“Mahmud, durante años he sido tu esclavo, tu amigo y consejero. He intentado nunca olvidar mis orígenes y es por esta razón que he venido aquí día tras día para recordarme lo que yo fui. Te pertenezco, y todo lo que me pertenece a mí son mis harapos, mi palo, mi cuenco y mi errancia sobre la faz de la tierra.”

La sabiduría de los idiotas

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El secreto de la habitación cerrada



 

Un derviche errante acudió corriendo a donde un Sufi estaba sentado en profunda contemplación, y dijo: “¡Rápido! Debemos hacer algo. Un mono acaba de agarrar un cuchillo.” “No te preocupes”, respondió el Sufi, “puesto que no ha sido un HOMBRE”. Cuando el derviche volvió a ver al mono, descubrió que, tal como era de esperar, había ya tirado el cuchillo.

(Kardan)

La sabiduría de los idiotas

 

El cuchillo / The knife


Se relata que el maestro Sufi Ibrahim ben Adam estaba un día sentado en el claro de un bosque cuando dos derviches errantes se acercaron; les dio la bienvenida y hablaron de asuntos espirituales hasta el atardecer.

Apenas anocheció, Ibrahim invitó a los viajeros a ser sus invitados durante la cena. Ellos aceptaron inmediatamente, y una mesa servida con los manjares más exquisitos apareció ante sus ojos.

“¿Hace cuánto que eres un derviche?”, preguntó uno de ellos a Ibrahim. “Hace dos años”, replicó él.

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El milagro del derviche real