Ayaz era amigo íntimo y esclavo del gran conquistador Mahmud el Destructor de Ídolos, monarca de Gazna; primero había llegado a la corte como un esclavo muy pobre y luego Mahmud lo convirtió en su consejero y amigo.
Los otros cortesanos estaban celosos de Ayaz y observaban todos sus movimientos, con la intención de denunciarlo por alguna falla suya y así provocar su caída.
Un día, estos celosos fueron a ver a Mahmud y dijeron:
“¡Sombra de Alá sobre la tierra! Has de saber que, infatigablemente entregados a tu servicio, hemos estado vigilando de cerca a tu esclavo Ayaz. Ahora debemos reportar que todos los días, apenas se va de la corte, Ayaz se encierra en una habitación pequeña donde no se le permite la entrada a nadie; pasa un rato allí y luego va a sus propios aposentos. Tememos que este hábito suyo pueda estar relacionado con un secreto inconfesable; acaso allí se junte con conspiradores que tienen planes de quitarle la vida a su majestad.”
Durante mucho tiempo Mahmud se negó a escuchar nada en contra de Ayaz; mas el misterio de la habitación cerrada asedió su mente hasta que sintió que tenía que interrogar a Ayaz.
Un día, cuando Ayaz salía de su cuarto privado, un Mahmud rodeado de cortesanos apareció y exigió que se le mostrase la habitación.
“No”, dijo Ayaz.
“Si no me permites entrar a la habitación, toda la confianza que tengo puesta en ti como hombre fidedigno y leal se habrá evaporado, y en adelante jamás podremos mantener nuestra relación en los mismos términos. Elige”, dijo el feroz conquistador.
Ayaz lloró; luego abrió la puerta de la habitación y permitió que entrasen Mahmud y su personal.
El cuarto no tenía ni un mueble; todo lo que había era un gancho en la pared, del cual colgaba una andrajosa túnica emparchada, un bastón y un cuenco de mendigo.
El rey y sus cortesanos eran incapaces de comprender el significado de este descubrimiento.
Cuando Mahmud exigió una explicación, Ayaz dijo:
“Mahmud, durante años he sido tu esclavo, tu amigo y consejero. He intentado nunca olvidar mis orígenes y es por esta razón que he venido aquí día tras día para recordarme lo que yo fui. Te pertenezco, y todo lo que me pertenece a mí son mis harapos, mi palo, mi cuenco y mi errancia sobre la faz de la tierra.”

La sabiduría de los idiotas

La nueva traducción ya está disponible en todos los formatos: papel + eBook + audiolibro.

También, como siempre, lo puedes leer gratuitamente aquí:

https://idriesshahfoundation.org/…/boo…/wisdom-of-the-idiots

El secreto de la habitación cerrada



 

Un derviche errante acudió corriendo a donde un Sufi estaba sentado en profunda contemplación, y dijo: “¡Rápido! Debemos hacer algo. Un mono acaba de agarrar un cuchillo.” “No te preocupes”, respondió el Sufi, “puesto que no ha sido un HOMBRE”. Cuando el derviche volvió a ver al mono, descubrió que, tal como era de esperar, había ya tirado el cuchillo.

(Kardan)

La sabiduría de los idiotas

 

El cuchillo / The knife


Se relata que el maestro Sufi Ibrahim ben Adam estaba un día sentado en el claro de un bosque cuando dos derviches errantes se acercaron; les dio la bienvenida y hablaron de asuntos espirituales hasta el atardecer.

Apenas anocheció, Ibrahim invitó a los viajeros a ser sus invitados durante la cena. Ellos aceptaron inmediatamente, y una mesa servida con los manjares más exquisitos apareció ante sus ojos.

“¿Hace cuánto que eres un derviche?”, preguntó uno de ellos a Ibrahim. “Hace dos años”, replicó él.

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El milagro del derviche real





Arrogantes y generosos

Los Sufis, al contrario que otros místicos o supuestos poseedores de conocimiento especial, tienen fama de ser arrogantes. Esta arrogancia, según ellos mismos, se debe solo a una mala interpretación de su comportamiento por parte de la gente. “Una persona”, dicen, “que pudiese encender un fuego sin frotar palos y que lo dijera, le resultaría arrogante a alguien que no pudiera hacerlo”.

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