El así llamado problema de comunicación, que atrae tanta atención, gira sobre suposiciones que son inaceptables para el Sufi. El hombre ordinario dice: “¿Cómo puedo comunicarme con otro hombre más allá de las cosas muy comunes?” La actitud Sufi es que “la comunicación de las cosas que han de ser comunicadas no puede evitarse. No es que haya que encontrar otro medio.”

En uno de los cuentos, Nasrudín y un yogui representan el papel de dos personas corrientes que, de hecho, no tienen nada que comunicarle al otro.

Un día Nasrudín vio un edificio de extraño aspecto ante cuya puerta se hallaba sentado un yogui contemplativo. El Mulá decidió que aprendería algo de aquella impresionante figura, y entabló una conversación preguntándole quién y qué era.
“Soy un yogui”, dijo el otro, “y paso mi tiempo intentando alcanzar la armonía con todos los seres vivos.”

“Esto es interesante”, comentó Nasrudín, “porque una vez un pez me salvó la vida.”
El yogui le rogó que lo acompañara, diciendo que durante toda una vida dedicada a armonizarse con la creación animal nunca había estado tan cerca de dicha comunión como Nasrudín.

Luego de haber pasado varios días en contemplación, el yogui le rogó al Mulá que le contase más de su maravillosa experiencia con el pez, “ahora que ya se conocían mejor”.

“Ahora que te conozco mejor”, dijo Nasrudín, “dudo de que puedas beneficiarte de lo que tengo para contar.”

Pero el yogui insistió. “Muy bien”, dijo Nasrudín. “Es cierto, el pez realmente me salvó la vida. En aquel entonces me es-taba muriendo de hambre, y él me alimentó durante tres días.”

Los Sufis

La nueva traducción está disponible en todos los formatos: impreso (tapa blanda y dura), eBook y muy pronto el audiolibro.

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Problema de comunicación





 

 

 

 

 

 

 

 

 

P: Me resulta difícil comprender cómo, si el hombre es – al menos parcialmente – una criatura espiritual, las cosas del mundo pueden ayudarle a recobrar su conocimiento de lo Divino. Seguramente las palabras, acciones y enseñanzas de los Sufis tienen que ser todas consideradas como cosas del mundo, ¿es así?

R: Reflexiona acerca de esta historia, porque es el único modo en que tus preguntas pueden responderse:

Había una vez un hombre muy codicioso que era desagradable con su pobre e inofensiva familia; aunque era un hipócrita tal, que nadie más conocía su verdadera naturaleza. Este hombre oyó que había cierta cueva en la cual se había ocultado un tesoro incalculable, y pasó años buscándola. Un día caminaba a través de la espesura cuando se topó con la cueva. Al entrar vio que se hallaba repleta de tesoros, oro y plata. Cargó en su asno tanto como le fue posible y regresó a la cueva para recoger su bastón… tan codicioso era que no lo iba a dejar allí. Pero esta era una cueva mágica: antes de que el hombre pudiese salir, llegó el momento de que la entrada se cerrase sola, y la puerta giró sobre sí misma para no abrirse por otros diez años. El asno, al sentirse hambriento y cansado de esperar, encontró su camino de regreso a la casa familiar. Ya que al codicioso hipócrita no se lo volvió a ver más, su inocente familia compartió el tesoro que el asno había traído y vivieron felices para siempre.

Así que, como ves, para obtener el tesoro puede que los INOCENTES tengan que depender, hasta cierto punto, de cosas que no parecen tener conexión con sus necesidades, y que no parecen estar relacionadas… hasta que el patrón funciona.

El yo dominante
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Hipócrita