El mundo está lleno de maestros, personas que congregan discípulos o que instruyen a otros de diversos modos.

Lo asombroso de todo esto es que muy poca gente pregunta qué es lo que el maestro conoce acerca del enseñar. El acto de comportarse como un maestro, o más bien como la gente cree que un maestro se comportaría, los establece como tales.

Si un maestro no es lo que parece ser, ¿cómo ha de ser definido?

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Lo que es un maestro






 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El idealismo nunca debería excluir el deseo de conocer la verdad. Si lo hace, destruirá el elemento mucho más valioso del cual el idealismo es solo una manifestación. Los idealistas deben estar siempre listos para encontrar respuestas, nunca deben imaginar que ya las conocen todas. Los supuestos idealistas que quieren que se hagan cosas que no son en absoluto soluciones, no son idealistas sino destructores del bien. Los idealistas que carecen de la necesaria información básica acerca de su campo son extraordinariamente perjudiciales para la raza humana.

He aquí algunos ejemplos:

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Idealism / Idealismo



 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se cuenta que un hombre acompañó una vez a Jesús en un viaje. Después de un tiempo los dos llegaron a la orilla de un río y se sentaron a comer. Entre ambos tenían tres trozos de pan.

Cada uno comió un trozo de pan, dejando el tercer pedazo. Jesús se levantó y fue a buscar agua del río. Cuando regresó no quedaba rastro alguno del pan.
“¿Quién se ha comido el pan?”, preguntó a su compañero. “No lo sé”, dijo el otro hombre.

Continuaron su camino hasta que encontraron a un ciervo con dos cervatillos. Capturaron a uno de ellos y comieron su carne. Jesús dijo.
“¡Con el permiso de Dios, levántate!” Y el ciervo fue resucitado milagrosamente.

Entonces Jesús dijo:
“Dime, por Él que hizo este milagro, ¿qué ocurrió con el trozo de pan?”

“No lo sé”, respondió su compañero.

Llegaron a otro río y Jesús lo cruzó caminando sobre la superficie del agua. “Dime”, dijo él, “por el Dios único que mostró este poder, ¿quién se comió el pan?”

“No lo sé”, dijo el otro hombre.

Finalmente llegaron a un lugar que se encontraba lleno de tierra y piedras.

Jesús reunió arena y tierra y sobre ella dijo:
“¡Con el permiso de Dios, conviértete en oro!”

De inmediato el polvo se convirtió en oro.
Jesús dividió el metal en tres porciones. Luego dijo:

“Una porción es para mí, otra es para ti, y la tercera porción es para aquel que comió la tercera porción de ese pan.”

Su compañero respondió:

“¡Fui yo quien la comió!”
De modo que Jesús le dijo:
“Entonces las tres partes del oro son para ti.”
Y siguió su camino.
Resulta que otros dos hombres habían visto el oro y decidieron robarlo, tras matar a su propietario. Trabaron amistad con él y le sugirieron que debía ir al pueblo cercano a comprar alimentos. Él estuvo de acuerdo, ya que su propia idea era envenenarlos. Compró pan y puso veneno en él.

Cuando regresó junto a los otros, se abalanzaron sobre él y lo mataron. Luego comieron el pan envenenado, y también ellos murieron.

Jesús pasó de nuevo por aquel camino, junto con algunos de sus compañeros, y viendo lo que le había ocurrido a los tres hombres, dijo: “Este es el mundo, de modo que teman al mundo.”

El yo dominante

JESUS Y EL ORO