Ibn el-Arabi escribió: “El Maestro es quien te escucha, luego te desvela frente a ti mismo”. Y Rumi nos dice: “El alma recibe a ese conocimiento desde el alma: por ende no a través de libros o de la lengua”. Lo que ha de ser aprendido no es el conocimiento, sino los medios para obtener conocimiento. Tiene que desarrollarse una capacidad interna; en otras palabras… no es como aprender un idioma, sino como aprender a hablar.

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El guía, después de todo, es la persona que ha realizado el viaje que el novicio quiere hacer. No solamente sabe lo que el novicio quiere saber, sino que él es lo que el novato quiere llegar a ser. En consecuencia, el discípulo, una vez aceptado por el maestro, no puede juzgar las palabras o acciones de este: tiene que confiar en él. En la práctica, esto significa la total aceptación del hecho de que el maestro sabe más que el novicio mismo acerca de lo que este debería hacer, el ritmo al cual debería progresar, los ejercicios que debería hacer y las disciplinas a las que debería someterse. Si el discípulo no acepta esto, no tiene sentido que se siente a los pies de un maestro. Rechazará la única cosa valiosa que el maestro tiene para ofrecer. Las teorías, los argumentos, las disertaciones pueden ser encontradas en libros; el impacto que una persona puede ejercer sobre otra es un asunto muy diferente. Es esta aceptación de la omnisciencia del maestro, ciertamente en la cuestión del desarrollo del discípulo, la que constituye la base para la sumisión que el novicio debe realizar… y es precisamente por esta razón que no es un estudiante, sino un discípulo.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

El guía, después de todo, es la persona que ha realizado el viaje que el novicio quiere hacer. No solamente sabe lo que el novicio quiere saber, sino que él es lo que el novato quiere llegar a ser. En consecuencia, el discípulo, una vez aceptado por el maestro, no puede juzgar las palabras o acciones de este: tiene que confiar en él. En la práctica, esto significa la total aceptación del hecho de que el maestro sabe más que el novicio mismo acerca de lo que este debería hacer, el ritmo al cual debería progresar, los ejercicios que debería hacer y las disciplinas a las que debería someterse. Si el discípulo no acepta esto, no tiene sentido que se siente a los pies de un maestro. Rechazará la única cosa valiosa que el maestro tiene para ofrecer. Las teorías, los argumentos, las disertaciones pueden ser encontradas en libros; el impacto que una persona puede ejercer sobre otra es un asunto muy diferente. Es esta aceptación de la omnisciencia del maestro, ciertamente en la cuestión del desarrollo del discípulo, la que constituye la base para la sumisión que el novicio debe realizar… y es precisamente por esta razón que no es un estudiante, sino un discípulo.

El guía