Se cuenta que uno de los grandes Sufis fue un esclavo: Ayaz, quien llegó a ser el confiable compañero del sultán Mahmud de Ghazna.

Un cortesano, de acuerdo al relato, le dijo:
“Fuiste derviche y luego puesto en cautiverio; después serviste durante años a Mahmud y aún continúas haciéndolo. Sin embargo, es tal tu santidad que el sultán te concedería la libertad inmediatamente si se la pidieses. ¿Por qué continúas en esta extraña posición?”

Ayaz lanzó un hondo suspiro y dijo:
“Si dejara de ser esclavo, ¿dónde diantres estaría el hombre a quien la gente puede señalar como un esclavo que es en realidad un maestro? Y, si abandonara al Rey, ¿quién quedaría para amonestar a los cortesanos? Me escuchan a mí porque también Mahmud me presta su oído. Son ustedes, querido amigo, quienes han construido este pequeño mundo a su medida; y sin embargo eres tú quien me pregunta por qué estoy así, dentro de esta jaula de hombres.”

El monasterio mágico

El Sufi esclavo







Donde se inicia

Cierto maestro Sufi y uno de sus discípulos recorrían a pie un camino de campo. El discípulo dijo:
“Sé que el mejor día de mi vida fue cuando decidí buscarte y descubrí que, a través de tu Presencia, me encontraría a mí mismo.”

El Sufi dijo:
“La decisión, ya sea de apoyo u oposición, es algo que no conoces hasta que lo sabes. No lo conoces por el hecho de pensar que lo sabes.”

El discípulo dijo:
“El significado de tus palabras me resulta oscuro, y tu declaración es confusa para mí, y tu intención me está velada.”

El maestro dijo:

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