Hemos visto cómo los cristianos y los musulmanes han pensado de forma similar y trabajado juntos, cómo han respetado la espiritualidad y el servicio del otro, y cómo cada uno ha apreciado el concepto de entrega que es inherente a la tradición que los une.

Antes de profundizar en la sociología, la psicología o la historia de las dos religiones, quiero contarles algo sobre un enfoque musulmán típico. Aquí están las palabras de uno de nuestros más grandes místicos, al-Ghazzali (1058-1111), cuyas obras fueron tan estimadas en la Edad Media de la cristiandad que, así como está registrado en Occidente, los clérigos sostenían la creencia de que en realidad era un escritor cristiano, “versado en la doctrina”; mientras que Ghazzali era, por supuesto, no solo un místico Sufi experiencial sino también un exprofesor de teología islámica del Nizamia en Bagdad.

Leer Más


 

 

 

 

 

 

 

 

 

El intercambio entre cristianos y musulmanes, marcado por el reconocimiento de la abrumadora importancia del concepto de sumisión a la Voluntad de Dios, ha estado presente continuamente durante los últimos catorce siglos.

Las palabras de Muhammad a Bahira a la edad de doce años hablan de su sola sumisión a Dios. La bienvenida que Waraqa le ofreció se basó en la repetición de la orden del ángel de obedecer a Dios; la protección que el rey etíope ofreció a los musulmanes estaba arraigada en el relato de estos acerca de sus esfuerzos por someterse, entregarse, a los principios que se les había predicado. El diálogo, que en el título de estas exposiciones lo caracterizamos como “Un intento de diálogo”, comenzó antes de la proclamación del islam, continuó a través de la infancia del islam y del período de la supremacía de los musulmanes en Oriente, ha de ser encontrado en el respeto mutuo durante las Cruzadas , en la España musulmana donde estudiaron tantísimos eruditos cristianos (incluido al menos un papa, Gerbert ), y sobrevivió al período colonizador del que acabamos de emerger. Se lo ha de encontrar tanto en los escritos como en los discursos de los pensadores musulmanes y cristianos contemporáneos, y de los trabajadores de estas comunidades en los campos de la política, la economía, la ciencia y las humanidades.

Los pensadores occidentales contemporáneos no desestiman la posibilidad de que la comprensión se desarrolle a partir del pensamiento de grandes intelectuales y místicos como al-Ghazzali – de quien tendremos más para decir en un rato – en reconocimiento de los problemas comunes que enfrentan los creyentes en la actualidad. En palabras del distinguido arabista y profesor W. Montgomery Watt de Edimburgo:

El islam ahora está luchando contra el pensamiento occidental como alguna vez luchó contra la filosofía griega, y está tan necesitado como lo estaba entonces de una “revivificación de las ciencias religiosas”. El estudio profundo de al-Ghazzali puede sugerir a los musulmanes que se tomen medidas si es que han de lidiar exitosamente con la situación contemporánea. También los cristianos, ahora que el mundo posee un crisol cultural, deben estar preparados para aprender del islam y es poco probable que encuentren una guía más cordial que al-Ghazzali.

El intercambio entre cristianos y musulmanes


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora me gustaría hacer una pausa para considerar algunas de las formas en que los musulmanes piensan en Allah, Dios a quien adoran y a cuya voluntad aspiran a someterse, entregarse. En palabras de una de las partes más conocidas del Misericordioso Corán, el Verso del Trono:

¡Alá! No hay otra deidad excepto Él
El Viviente, el Eterno.
Ni la somnolencia ni el sueño lo vencen
Suyo es lo que está en los cielos y en la tierra.
¿Quién podrá interceder ante Él si no es con Su permiso?
Él conoce todo lo que está ante ellos y lo que vendrá después;
Y no saben nada de su conocimiento excepto lo que Él quiere,
Y su trono se extiende sobre los cielos y la tierra,
Y su protección no es un lastre para Él
Y Él es el Altísimo y el Más Grande.

Otro de los pasajes más repetidos es la Sura 24 (La Luz), verso 35, conocido como el verso de la luz, que se refiere a Dios en la analogía de la iluminación, y que ha sido tomado por muchos de los místicos musulmanes, como al-Ghazzali , en su intento de enseñar el camino de entregarse a la voluntad de Alá:

Alá es la Luz de los cielos y de la tierra. Su Luz se parece a una lámpara dentro de un nicho. La lámpara está dentro de un cristal, como una estrella resplandeciente. Es encendida por un olivo bendito, ni de Oriente ni de Occidente y cuyo aceite casi brillaría por sí mismo, sin el efecto de ningún fuego. Luz sobre Luz. Alá guía hacia su luz a quien Él quiere.

Estos textos principales son tradicionalmente aquellos que han sido utilizados para la contemplación por místicos musulmanes que siguen el camino de la entrega.

Ahora me gustaría hacer una pausa para considerar algunas de las formas



Cuando se le pidió al profeta Muhammad que maldijese a los infieles, él contestó, según la tradición acreditada: “Yo no fui enviado para esto, sino que fui enviado como una misericordia para la humanidad”. Además dijo: “Es indigno herir la reputación de la gente; y es indigno maldecir a cualquiera; y es indigno abusar de cualquiera; y es indigno para los creyentes el hablar en vano.”

El elefante en la oscuridad
http://idriesshahfoundation.org/es/books/el-elefante-en-la-oscuridad/

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

La influencia mutua de la práctica de la sumisión a Dios, la influencia de la práctica misma, tiene so-bre el humano manifestaciones tan considerables y ha dejado su huella tan profundamente marcada, que los ejemplos están muy extendidos.
Incluso podemos encontrar un ejemplo típico, y acaso haya más de uno, en la documentación extremadamente escasa acerca de la historia del gobierno musulmán en Suiza, casi seiscientos años antes de la fundación de esta venerable universidad.

Se refiere al devoto San Mayeul, el abad del monasterio de Cluny en Borgoña, y su encuentro con los musulmanes aquí: “Era tal el respeto que las personas le tenían, que su nombre fue una vez mencionado seriamente para ocupar el alto y exaltado puesto de Papa.”

El santo había estado en peregrinaje a Roma y en su regreso fue capturado por los musulmanes, quienes dominaban la campiña. Lo aprisionaron en una cueva y los musulmanes, “tocados por la calma inalterable del prisionero … trataron de mejorar un poco sus condiciones. Así, cuando necesitó algo de comida, uno de ellos, después de lavarse las manos, preparó un poco de masa en su escudo, lo cocinó y se lo entregó con gran respeto y consideración.” Uno de sus captores le recordó a otro que debía respetar la Biblia que el abad llevaba consigo, pues era el libro de Jesús.

El abad fue rescatado por los monjes de Cluny y liberado por sus captores sarracenos, y esta anécdota aún es recordada aunque haya sucedido en el año 972 de los cálculos cristianos. Es recontada en un libro reeditado por una editorial musulmana y leído en países islámicos, cuya última edición está fechada en 1964. Así, la base de la dedicación resuena a lo largo de los siglos, sin disminución… por miles de años.

El elefante en la oscuridad

Disponible por primera vez en español, en formato papel + eBook + audiolibro.

También, como siempre, lo puedes leer gratis aquí:

http://idriesshahfoundation.org/…/el-elefante-en-la-oscuri…/

La influencia mutua de la práctica


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los sentimientos de respeto e interés en un sistema aliado no han sido unilaterales. En las áreas populares, narrativas y más ligeras de la amonestación oral, ha sido costumbre que los musulmanes y los cristianos tomaran las virtudes de los demás como textos de enseñanza. Hay un cuento semigracioso que los musulmanes se comparten entre sí, acerca de un musulmán que le preguntó a un cristiano por qué no adoptaba el islam. El cristiano dijo: “Hay dos islam: el que tú practicas y el islam del Corán. Si intentara estar a la altura del Corán, sería demasiado difícil para mí, ya que requiere que el hombre haga enormes esfuerzos para mejorarse a sí mismo, y como musulmán no podría recibir ninguna absolución de ningún hombre.”

“Pero”, dijo el musulmán, “¿qué pasa con el islam que llamas el otro tipo de islam… el que yo practico?”

“Si tuviera que comportarme como tú”, dijo el cristiano, “con tus bajos estándares de honestidad, mi mérito no mejoraría… sino que se vería reducido.”
La misma labor de compararse con otro hombre es de uso frecuente entre los cristianos. Por lo tanto, desde los primeros días de la confrontación entre las dos religiones, está frecuentemente registrado que los cristianos comparaban, al abordar a sus rebaños, los logros, la laboriosidad, la piedad y demás de los musulmanes con su propia conducta. En general, incluso atribuyen el éxito mundano de los musulmanes de su época a la práctica y al cumplimento de las ordenanzas de Dios – tanto directas como derivadas – vinculadas con la veracidad, la honestidad y la dedicación a los ideales.

Los sentimientos


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las amistades individuales entre cristianos y musulmanes han sido parte de nuestra historia común y de nuestra vida cultural durante casi catorce siglos. Los efectos de estas, la mayoría de ellas probablemente indocumentadas, continúan y deben tener el papel más importante en el diálogo y la comprensión mutua. Cito el siguiente ejemplo, que se encuentra en un libro de reminiscencias de amplia circulación y grandes ventas en todo el mundo, porque es típico y no simplemente como una ocasión para un comentario especial:

El duque italiano Alberto Denti di Pirajno, quien vivió durante muchos años como médico en países islámicos de los árabes y África, escribe sobre el profundo afecto entre el Vicario apostólico en Libia y el Alcalde de Trípoli.
El obispo “conocía cada detalle de la vida de Mohy ed-Din ben Arabi, un famoso místico árabe de alrededor del año 1200, de quien yo nunca había oído hablar”.
Él continúa:

La amistad entre el Obispo y el Pasha fue una de las más extraordinarias que jamás he visto. Nunca he conocido a dos hombres que, en la superficie, tuviesen temperamentos tan disímiles y rara vez me he encontrado con una amistad más profunda y cercana. El italiano era de origen modesto, el árabe era el jefe de una familia principesca que una vez había gobernado el país; el Obispo sostenía la fe simple y pura de San Francisco de Asís; el príncipe era un mahometano ferviente y practicante; el humilde cristiano tenía una erudición enciclopédica, el noble musulmán era analfabeto. … Muchas veces le pregunté al obispo sobre su amistad con el Pasha, procurando descubrir mediante mi curiosidad en qué se basaba ella. Siempre fue evasivo en su respuesta; a veces ni siquiera respondía, y se limitaba a encogerse de hombros y soplar sobre su barba.

Sin embargo, cuanto más lograba conocer al noble árabe más descubría lo que tenían en común: por ejemplo, su despreocupación ante la enfermedad, su total indiferencia hacia las cuestiones materiales, su profunda comprensión del sufrimiento y la miseria humana, y su caridad, que era impoluta frente al egoísmo y no conocía límites. Ambos se sometieron a una voluntad superior con la fe ciega de los niños.

En cierto momento me di cuenta de que, al igual que los diversos elementos de un mosaico forman un diseño único cuando se colocan juntos, las actitudes mentales de los dos amigos formaban parte de una única concepción espiritual que finalmente pude reconocer.

El duque continúa diciendo que finalmente le comentó al obispo que había decidido que su amistad era una amistad entre franciscanos … y el franciscano respondió: “He aprendido mucho de este hombre”. Pirajno continúa:
El más joven de los dos amigos murió primero.

De repente, el equilibrio incierto de su metabolismo fue sacudido y el obispo que había permanecido como un simple fraile se derrumbó.

Estaba lejos de Trípoli cuando sucedió, y fue solamente más tarde que supe que el Vicario apostólico había muerto serenamente, rodeado de cofrades y monjas, aferrándose a la mano de su viejo amigo el Pasha, quien en su pena pareció petrificarse; mientras en la catedral, en la mezquita y en la sinagoga, hombres de diferentes credos oraban para que Dios pospusiese la hora señalada.

Ahora bien, este relato describe la relación de dos hombres de Dios, encontrándose, viviendo y trabajando en lo que podríamos llamar el período intermedio; la era posterior a las Cruzadas, pero también la época de un poder colonialista gobernando un país musulmán: circunstancias bajo las cuales, uno podría ser disculpado por pensarlo, el entendimiento mutuo entre los gobernados y los aliados del Poder gobernante sería extremadamente difícil. Un observador externo bien podría concluir que después del período colonialista las creencias de la potencia ocupante serían, cuando menos, desacreditadas. Y sin embargo hoy, en la Libia independiente como en cualquier otro lugar del mundo del islam, correrías serios riesgos si dijeses alguna palabra en contra de Jesús. Las enseñanzas del islam, que Jesús vino de Dios e invitó a la gente a entregarse a Dios, son parte del conocimiento de cada musulmán. Reparen en los siguientes pasajes del Corán:

Dios te anuncia la buena noticia de una Palabra que procede de Él, cuyo nombre es el Mesías, Jesús, hijo de María. (3, 40-45)

Y en el capítulo 2, verso 136:

Di: “Creemos en Dios, y en lo que ha sido enviado a Abraham e Ismael e Isaac y Jacob y las tribus: y en lo que se les ha dado a Moisés y a Jesús, y en lo que se les dio a los profetas de su Señor. No hacemos ninguna diferencia entre ellos: y ante Dios estamos resignados.”

El elefante en la oscuridad

Disponible por primera vez en español, en formato papel. Próximamente como eBook + audiolibro.

También, como siempre, lo puedes leer gratis aquí:

http://idriesshahfoundation.org/…/el-elefante-en-la-oscuri…/

Las amistades individuales


 

Tengo la clara impresión, basada en el contacto que durante cuarenta años tuve con personas de comunidades cristianas de todo el mundo, de que el proceso inverso no es en absoluto tan fácil. El cristiano, por razones que son bastante claras pero que se mencionan con poca frecuencia, descubre que tenderá a acercarse al musulmán como si este fuese un ignorante que está perdido y necesitado de salvación. Ahora bien, esta actitud no es de ninguna manera universal, sino que se basa en causas históricas y creo que es solo recientemente que muchos han podido dejar de lado estos hechos, subsanarlos, de manera tal que ello conlleve una actitud de comprensión potencial.

El musulmán tiene la ventaja de que en su libro sagrado, el Corán, donde cada palabra posee la fuerza de la ley divina para él, se establece claramente que los cristianos son los amigos de los musulmanes y que ellos, junto con otros creyentes que hacen lo correcto, tienen la aceptación de Dios.

Como ejemplos de estas declaraciones, permítanme citar brevemente del Corán donde se dice:

Los creyentes, los judíos, los sabeos o cristianos, quienes crean en Dios y en el último día y hacen lo que es correcto: no han de tener nada que temer o lamentar. (Capítulo 2, 62)
Y:

… los más cercanos afectivamente a los creyentes son aquellos que dicen “Somos cristianos”. Eso es porque hay sacerdotes y monjes entre ellos, y porque no son arrogantes. (Capítulo 5, 82)

La ausencia de arrogancia, bien sea derivada de o directamente causada por el deseo de entregarse a Dios, que se encuentra entre los cristianos y la cual es una parte de su religión tal como la entendemos, además de ser algo que puede apuntalar un diálogo entre nosotros, a menudo ha sido atenuada y ocultada hasta tiempos bastante recientes por la lucha política y militar entre las dos comunidades, basada en la geopolítica y la ambición humana de naturaleza expansionista durante un período que duró casi mil años.

El elefante en la oscuridad

Lo puedes leer gratis aquí en Español, Portugués, English.

 


¿Qué piensan los musulmanes de Jesús y por qué piensan de cierta manera acerca de su misión, su entrega y su gente? Un distinguido clérigo y trabajador cristiano en el campo de la religión comparada ha recordado recientemente a sus lectores ingleses que Jesús es conocido como al-Sayyed, el Príncipe o “el Señor”, lo cual es una señal de honor. “El título al-Sayyid”, continúa, “se usa particularmente para Muhammad y sus descendientes, pero también para otras grandes personas. En City of Wrong, un estudio de Jerusalén durante un Viernes Santo desde el punto de vista de la ortodoxia musulmana, el título ‘el Señor Cristo’ se usa asiduamente.”

El importante lugar que ocupó Jesús entre los seiscientos millones de musulmanes del mundo , diseminados desde las costas atlánticas de Marruecos en el oeste hasta la China, Filipinas e Indonesia en Oriente, y el consenso de ambas religiones sobre la necesidad de entregarse a Dios como medio de salvación, hacen que sea relativamente fácil para un musulmán dirigirse a los cristianos: la simpatía y la historia ya están allí.

 

El Elefante en la Oscuridad (da click para leer el libro en Español, English y Portugués)