Los Sufis afirman que existe una forma de conocimiento que puede ser alcanzado por el ser humano: un conocimiento de tal naturaleza, que es a la erudición escolástica lo que la adultez es a la infancia. Por ejemplo, El-Ghazali compara: “Un niño no tiene conocimiento real de los logros de un adulto. Un adulto común no puede comprender los logros de un hombre instruido. De la misma manera el hombre instruido no puede comprender las experiencias de los santos iluminados o Sufis”. Este, para empezar, no es un concepto que podría recomendarse a sí mismo a un erudito: esto no es un problema nuevo. En el siglo XI, Muhammad el-Ghazali (Algazel), quien salvó a los teólogos musulmanes al interpretar el material islámico de tal manera que venció el ataque de la filosofía griega, informó a los escolásticos que su modalidad de conocimiento era inferior a aquel adquirido por medio de la práctica Sufi. Lo transformaron en su héroe, y sus sucesores aún enseñan sus interpretaciones como Islam ortodoxo, a pesar de haber afirmado que el método académico era insuficiente e inferior al conocimiento real.Luego vino Rumi, el gran místico y poeta, quien le decía a su público que, como buen anfitrión, les brindaba poesía porque se la solicitaban: proveía lo que era pedido. Pero, continuaba, la poesía es una tontería al ser comparada con cierto desarrollo superior del individuo. Casi siete siglos más tarde aún podía aguijonear a la gente con este tipo de comentario. No hace mucho tiempo, un crítico que trabajaba para un famoso diario británico se ofendió tanto por este pasaje (que encontró en una traducción), que en efecto dijo: “Rumi podrá pensar que la poesía es una tontería. Yo creo que su poesía lo es en esta traducción”.Pero las ideas Sufis, al ser expresadas de esta manera, nunca están destinadas a desafiar al hombre, sino a proporcionarle apenas una mira más elevada, a mantener su concepción de que quizá pueda existir cierta función de la mente que produjo, por ejemplo, a los gigantes del Sufismo. Es inevitable que los contenciosos colisionen con esta idea. Es debido a la prevalencia de esta reacción que los Sufis dicen que la gente de hecho no quiere el conocimiento que el Sufismo afirma ser capaz de impartir: realmente buscan solo sus propias satisfacciones dentro de su propio sistema de pensamiento. Pero el Sufi insiste: “Un instante en presencia de los Amigos (los Sufis) es mejor que cien años de dedicación sincera y obediente” (Rumi).

El camino del Sufi

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Los Sufis



El herrero de Nishapur

Abu Hafs, el herrero de Nishapur, demostró señales de extrañas dotes mediante el poder de su atención desde los primeros días de su discipulado. Fue aceptado como alumno por el Sheikh Bawardi, y regresó a su herrería para continuar su trabajo. Mientras su mente estaba concentrada, sacó una pieza de hierro candente de la fragua con sus propias manos. Y aunque no sintió el calor, su ayudante se desmayó al ver este hecho inusitado. Se cuenta que cuando era Gran Sheikh de los Sufis del Jorasán, no hablaba árabe y tenía un intérprete para comunicarse con los visitantes de Arabia. Sin embargo, cuando visitaba a los grandes Sufis de Bagdad se expresaba tan bien en ese idioma que nunca pudo superarse la pureza de su discurso. Cuando los sheikhs de Bagdad le preguntaron el significado de la generosidad, dijo: “Escucharé que otro la defina primero”.El Maestro Junaid dijo entonces: “La generosidad es no identificarla consigo mismo, y no tomarla en consideración”.Abu Hafs comentó: “El sheikh ha hablado bien. Pero siento que la generosidad significa el hacer justicia sin requerir justicia”.Junaid dijo a los otros: “¡Pónganse todos de pie! Porque Abu Hafs ha trascendido a Adán y a toda su raza”.Abu Hafs solía decir: “Abandoné el trabajo y después retorné a él. Luego él me abandonó, y yo nunca regresé a él”.HujwiriLa revelación de lo velado.

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Abu Hafs, el herrero de Nishapur


Es difícil encontrar palabras para esbozar una descripción de los logros de Saadi, el autor clásico del siglo XIII. Los críticos occidentales están sorprendidos de que Saadi haya escrito El huerto (Bostan) y El jardín de rosas (Gulistan), ambos grandes clásicos, en un lapso de dos o tres años. Estos trabajos mayores, conocidos por todos los persas y considerados como logros supremos, contienen una riqueza de material y una belleza poética que son casi incomparables. Saadi era un hombre sin recursos materiales, y pasó la mayor parte de su tiempo como un vagabundo sobre la faz de la tierra. Fue instruido por los maestros Sufis Gilani y Suhrawardi.En el caso de El jardín de rosas, Saadi ha logrado la hazaña (aún no alcanzada en ningún idioma occidental) de escribir un libro tan simple en vocabulario y estructura, que es usado como un primer libro de texto para los estudiantes de la lengua persa, y parece contener solo aforismos moralizadores y cuentos; mientras que al mismo tiempo es reconocido por los Sufis más eminentes como un libro que oculta el espectro completo del conocimiento Sufi más profundo que puede ser puesto por escrito.La sensación de asombro ante este logro, cuando uno ve los diferentes niveles de material entretejidos de esta manera, no puede ser expresada.Estos dos libros no solo son fuentes de citas, proverbios y sabiduría práctica y textos sobre los estados de la mente: están escritos de una forma tal que son aceptados por los fanáticos religiosos más retrógrados. De esta manera, Saadi recibió, modeló y transmitió el conocimiento Sufi. Al elegir el formato de la literatura clásica aseguró para siempre la preservación y comunicación de su mensaje, pues nadie jamás podría eliminar a Saadi de la literatura persa; y así, de este modo, el Sufismo está protegido.Los siguientes extractos están traducidos literalmente, para mostrar cómo ve los textos el lector común: Quita del oído de la conciencia el algodón del descuido,para que la sabiduría de hombres muertos llegue a tu oído.

El camino del Sufi

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Saadi de Shiraz




Sobre Tu Religión

A través de la literatura derviche nos encontrarás diciendo repetidamente que no nos concierne tu religión o incluso tu falta de ella.
¿Cómo puede esto conciliarse con el hecho de que los creyentes se consideran a sí mismos los elegidos?
El refinamiento del hombre es la meta, y la enseñanza interior de todos los credos religiosos apuntan a esto. Para poder lograrlo, hay siempre una tradición transmitida por una cadena viviente de adeptos, quienes seleccionan candidatos a quienes impartir este conocimiento.
Esta enseñanza ha sido transmitida a toda clase de hombres. Dada nuestra dedicación a la esencia, hemos reunido, en el Camino Derviche, a todas aquellas personas que están poco interesadas en las apariencias; y de este modo conservamos, en secreto, nuestra capacidad para continuar la sucesión. En las dogmáticas religiones de los judíos, los cristianos, los zoroástricos, los hindúes y el Islam literalista, este principio precioso se ha perdido.
Nosotros devolvemos el principio vital a todas estas religiones, y es por esto que verás a tantos judíos, cristianos y otros entre mis seguidores. Los judíos dicen que nosotros somos los verdaderos judíos; los cristianos, cristianos.
Sólo cuando conozcas el Factor Superior advertirás la verdadera situación de las religiones actuales y de la propia incredulidad; y esta misma incredulidad es una religión con su propia forma de creencia.
Ahmad Yasavi
El camino del Sufi