Realidad e imaginación

P: ¿Son las personas realmente tan estúpidas como los Sufis las muestran? Si lo fuesen, ¿cómo podría la sociedad funcionar tan bien como lo hace? ¿Cómo puede uno comprobar si la gente realmente se comporta de manera tan absurda como lo hacen algunas de las personas en los cuentos y narraciones instructivas Sufis?

R: Las personas son realmente tan estúpidas como los Sufis las muestran. La sociedad funciona tan bien como lo hace porque no todo el mundo es estúpido todo el tiempo. La empresa Sufi les ayuda al mostrar la estupidez y predecir su aparición en momentos en que bloquea la comprensión. No hay demasiada necesidad de comprobar si las personas se comportan realmente como las de las historias y narraciones, porque los periódicos están lleno de relatos sobre este comportamiento, y por consiguiente se muestra en todas partes de forma permanente. No hace falta, después de todo, “probar” si una cereza es roja: se puede ver fácilmente, una vez que conoces lo que es el color rojo.

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Croador

P: Si, como dices, los rituales son ejercicios fosilizados, y que la literatura o las prácticas sobreviven a su utilidad, ¿cómo explicas el por qué tanta gente las mantienen tan tenazmente? Seguramente deben de cumplir una función valiosa…

R: Que la gente quiera algo no significa que esa cosa sea buena para ellos, o incluso que esté cumpliendo una función de hecho útil o irremplazable.

Hay una historia acerca de esto, la cual ha resultado ser un remedio muy bueno contra el intento de extraer algo útil de algo inútil, o incluso dañino.

Había una vez un pueblerino que fue a un tenderete de comida para comprar un trozo de pan con berro dentro, que vendía un campesino. Apenas puso el pan en su boca, una rana saltó fuera y se acuclilló en el suelo. El pueblerino, que nunca antes había visto una rana, se agachó y la agarró. La rana croó: “¡Ghar-ghar!”.

“Con Ghar o sin ghar”, dijo el individuo, “tú vuelves dentro del pan. Al fin y al cabo, ¡pagué buen dinero por ti!”.

El buscador de la verdad


 

Q : De nombreux soufis, dont Djami, Saadi et Hujwiri, se sont faits les biographes des grands maîtres. Et pourtant eux-mêmes sont maintenant vénérés comme des saints. Pourquoi ?

R : Shah Shuja de Kirman a donné la réponse quand il a dit : « Les grands hommes sont grands jusqu’au moment où ils le savent. Les saints sont saints tant qu’ils ne le savent pas. »

Chercheur de Vérité






El sabio Sufi Saadi de Shiraz estaba en camino a Bagdad cuando la caravana en la que viajaba fue atacada por bandidos.
Cuando estos le pidieron sus posesiones, Saadi le dio al jefe de los ladrones un montón de libros y algunas monedas de oro.
“Esto se los doy como un regalo, de modo que no lo consideren como robado,” dijo, “pero hagan buen uso de ello.”
Los ladrones se mofaron, y su jefe dijo:
“Supongo que estás intentando enseñarnos la bondad.”
“No” dijo Saadi, “no creo que les pueda enseñar nada. De modo que espero que acepten estos libros y el dinero libremente, y que a cambio hagan algo con ellos.”
“¿Y qué sería eso?”
“Encuentren a un hombre sabio, denle estos libros y paguen su manutención. Dejen al menos que le enseñe a sus hijos acerca de los males del robo, de modo que ellos no repitan sus errores”.

El buscador de la verdad

Léelo gratis, aquí:
http://idriesshahfoundation.org/es/libros/el-buscador-de-la-verdad/