Atracción e importancia

P: Se cuenta que el gran Sufi Bayazid dijo: “Todo lo que deseo es no tener deseo”. Este parece el tipo de comentario místico que ha dado fama a los pensadores orientales. ¿Tiene algún significado realmente? Si lo tiene, ¿cuál es?

R: El deseo significa, para la gente común, querer algo; y está siempre relacionado con el egoísmo, por más escondido o socialmente sancionado que esté.

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Uno de los Nawabs de Sardhana del siglo XIX estaba enseñando sus caballos a un visitante, cuando el hombre dijo:
“¡Ojalá fuese tan rico como tú!”
Aunque era un extranjero, y por lo tanto no era consciente del código de los Sayeds, el Nawab, cuando aquel partió, le hizo regalos que representaban su fortuna completa. Tuvieron que pasar años antes de que la hacienda fuese capaz de recobrarse de este solo acto de generosidad.

Alguien le dijo al Nawab:
“¿Realmente tenías que adoptar un rumbo tan temerario?”
Él dijo:
“El ser falso a mis tradiciones habría sido imposible. Alguien me preguntó hoy por qué nos molestamos en tratar de impartir enseñanza Sufi a los indignos. Es porque ellos nos lo piden. ¿Conoces la historia de nuestro ilustre ancestro, Alí, el yerno del Profeta?”

“En batalla, Alí hizo pedazos la espada de un guerrero enemigo, que se quedó indefenso, esperando ser liquidado pero al mismo tiempo gritando en su furia: ‘¡Dame tu espada y te destruiré!’

“Alí le dio su propia espada, quedándose él mismo sin ningún medio de defensa. Su enemigo, cuando se hubo recobrado de su sorpresa, preguntó:

‘¿Cómo puedes dar tu única espada, en medio de una batalla, al hombre que te odia y está tratando de destruirte?’

“Alí dijo:

‘Forma parte de la tradición familiar que nadie nos pida nada en vano.’

“Sólo conocemos esta historia hoy porque ese mismo hombre rehusó matar a un hombre como Alí.”

El buscador de la verdad

Tan rico como tú…






 

 

 

 

 

 

 

Hubo un tiempo en el Oriente Medio cuando los descendientes del Profeta eran perseguidos como animales salvajes, sospechosos de traición, capturados y asesinados, por ninguna otra razón que su linaje.

Se cuenta la historia de un familiar nuestro durante esa época, que era un Sufi de alta reputación y un hombre cuyo honor era respetado en todas partes. Desafortunadamente, por supuesto, sus orígenes eran tales como para despertar el odio y la oposición activa de las autoridades de la época.

Decidió que el esconderse no era para él, y que no sería apropiado huir por ser contrario a las maneras de los derviches. De modo que se presentó ante la corte del Califa.

El Califa al principio estaba sorprendido ante tan dócil rendición, pero al final firmó la orden de ejecución, la que entregó al capitán de la guardia, diciendo:

“Ustedes, Sayeds, son un curioso grupo: pero si buscas el martirio, estoy satisfecho en concedértelo.

El Sayed dijo:

“Me he rendido por mi propia voluntad, ahorrando de este modo a tus hombres el esfuerzo de buscarme. ¿Me permitirás, a cambio de ello, el presentarme por mí mismo ante el ejecutor?”

El Califa lo despachó, acompañado de un par de fornidos guardias. El grupo se dirigió al gran caravasar abierto donde el verdugo público estaba sentado con sus esbirros alrededor de un inmenso fuego.

El Sayed dijo a los guardias:

“Ahora dejen que me acerque al verdugo por mi cuenta, pues no es apropiado que un hombre de mi rango, que se ha rendido por propia voluntad, deba ser tratado sin dignidad en un momento como este.”

Los guardias estuvieron de acuerdo, y esperaron hasta que vieron que el Sayed se presentaba ante el ejecutor. Entonces se retiraron.

El verdugo, reconociendo a su cautivo, dijo:

“De modo que, por orden del Califa, esta noche tengo un cliente, ¿no?”

El Sayed tiró su orden de ejecución al fuego sin mostrársela al otro hombre. Luego exclamó:

“He venido por mi propia voluntad, como ves, sin escolta. Y he estado ante el Califa. Y he tirado la orden al fuego. ¡Me puedo haber rendido, pero rehúso ser exiliado al Khorasán!”

“¡Tú no puedes rehusar nada!”, rugió el verdugo. “¡No fallaré en cumplir el deseo de mi amo!”

Y, en vez de ejecutar al Sayed, lo entregó a los establos reales para que le fuesen dados caballos y una escolta. Por el sistema de relevo de animales y guardias más rápido posible fue llevado desde la tierra de los árabes hasta las fronteras más lejanas del Khorasán, moderno Afganistán, donde fue abandonado… a su exilio.

El buscador de la verdad
Léelo gratis, aquí:
http://idriesshahfoundation.org/…/libros/el-buscador-de-la…/

El camino al Khorasán