El califa Omar solía escabullirse de su casa y caminar disfrazado por las calles, para asegurarse de que se estaba haciendo justicia; una práctica seguida más tarde por Harún el-Rashid de Bagdad.
Una noche escuchó un canto y trepó la pared de una casa para ver qué estaba pasando: vio a un hombre bebiendo vino.
Entrando por la ventana le gritó al hombre:
“¿No te da vergüenza entregarte a lo que está prohibido en el Corán? ¿Crees que Dios no puede verte mientras pecas?”
Inmediatamente el hombre dijo:
“¡Califa del Islam! He cometido un pecado y lo admito. Tú, sin embargo, al acusarme has pecado tres veces. ¿Qué hay respecto a tu propio arrepentimiento?”
Omar quedó sorprendido y preguntó: “¿Qué pecados?”
El hombre respondió:
“El Profeta ha prohibido escuchar a hurtadillas y tú has hecho eso. El Corán dice: ‘Ingresa a una casa solamente luego de haber saludado a los ocupantes’ y tú no has hecho eso. Se ha establecido que todos los creyentes deben entrar a una casa por su puerta, y tú no lograste hacerlo.”
Omar aceptó la reprimenda.

Caravana de sueños

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Omar y el bebedor de vino


La artillería

Mi tatarabuelo, Sayed Jan-Fishan Khan, fue invitado a la India y se organizó una gran exhibición militar en su honor.
Todo hecho con la intención de mostrarle a este independiente jefe afgano que le convendría respetar las capacidades bélicas del imperio británico.
En un determinado momento al Khan se le asignó un oficial de artillería que gritaba con entusiasmo, llamando la atención del jefe cada vez que los proyectiles daban en el blanco.
Este hombre y varios otros fueron posteriormente invitados a Paghman, para ser los huéspedes de Jan-Fishan Khan.
Mientras estaban sentados en el banquete, un hombre se le acercó a Jan-Fishan Khan y le dijo algo. Apenas le contestó, Jan-Fishan se volvió hacia los oficiales británicos y dijo, aparentemente excitado: “¿Escucharon eso?”
“¿Qué dijo?” preguntaron.
“No es ‘qué dijo’”, respondió el Khan, “¡sino el hecho de que le entendí y él me entendió a mí!”
Los oficiales estaban perplejos.

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