Alguien le preguntó a Fuwad Ashiq, viejo discípulo de Bahaudin Naqshband:
“¿Puedes decirme por qué es que el Maulana disimula sus milagros? A menudo lo he visto en algún lugar y al mismo tiempo otros han testificado que en ese momento estaban con él en otro lado. Similarmente, cuando cura a alguien mediante la oración, puede que diga: ‘Habría sucedido de todas maneras.’ La gente que le pide favores, o que son favorecidas por su interés, obtienen grandes ventajas en el mundo aunque él niegue su influencia o atribuya dichos sucesos al azar o incluso al trabajo de
otros.”
Fuwad dijo:
“Yo mismo he observado esto muchas veces; de hecho, desde que estoy tan a menudo con él esto es parte de mi experiencia cotidiana. La razón es que los milagros son el ‘servicio extraordinario’ en acción. No se hacen para hacer feliz o entristecer a la gente. Si impresionan, esto hará que la persona infantil se vuelva crédula y excitada, en lugar de hacerla aprender algo.”

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El apego llamado gracia

Un dedicado y estudioso buscador de la verdad llegó a la Tekkia de Bahaudin Naqshband.
Según la costumbre, asistió a las conferencias y no hizo preguntas.
Cuando finalmente Bahaudin le dijo: “Pídeme algo”, este hombre dijo:
“Shah, antes de venir a verte estudié tal y tal filosofía con fulano de tal. Viajé hasta tu Tekkia atraído por tu reputación.
“Al escuchar tus conferencias he quedado muy impresionado con lo que dices y me gustaría continuar mis estudios contigo.
“Pero, dado que tengo semejante gratitud y apego a mis estudios previos y maestros, me gustaría que explicases su conexión con tu trabajo o al menos que me hagas olvidarlos, para que pueda continuar sin una mente dividida.”
Bahaudin dijo:
“No puedo hacer ninguna de esas cosas. Lo que puedo hacer, sin embargo, es informarte de que el estar apegado a una persona y a un credo e imaginar que semejante apego proviene de una fuente superior, es una de las señas más obvias de la vanidad humana. Si una persona se obsesiona con los dulces, los llamaría divinos si alguien se lo permitiese.
“Con esta información puedes aprender sabiduría. Sin ella, solamente puedes aprender apego y llamarlo gracia.”
“El hombre que necesita malumat (información), siempre supone que necesita maarifat (sabiduría)
Si realmente es un hombre de información, verá que lo siguiente que necesita es sabiduría.
Si es un hombre de sabiduría, solamente entonces estará libre de la necesidad de información.”


Diagnosis

Bahaudin Naqshband visitó una vez al pueblo de Alucha después de que una delegación de ciudadanos, enterándose de que estaba pasando por una ruta cercana, lo esperaba y rogase que pasara un tiempo con ellos.

“¿Quieren satisfacer  su curiosidad en lo que respecta a mí, entretenerme y honrarme, o invitarme a que les imparta mis enseñanzas?” les preguntó. El líder del grupo, luego de una consulta con sus compañeros, respondió:

“Hemos escuchado mucho acerca de ti y puede que no hayas escuchado nada sobre nosotros. Dado que aparentemente nos brindas el inusual privilegio de recibir tu enseñanza, aceptaremos con gratitud esta opción de las alternativas que nos has ofrecido.”

Bahaudin entró al pueblo.

Toda la población estaba reunida en la plaza pública. Sus propios maestros espirituales escoltaron a Bahaudin hacia el lugar de honor; y cuando se sentó, el jefe de los filósofos de Alucha comenzó a dirigirse a él en estos términos:

“¡Presencia sublime y gran Maestro! Todos hemos oído hablar de ti, pues ¿quién no lo ha hecho? Pero, dado que sin dudas no estás familiarizado con los pensamientos de gente tan insignificante como nosotros, te rogamos que nos permitas delinearte nuestras ideas para que acaso puedas apoyarlas, enmendarlas o refutarlas, y seguramente todos nos beneficiemos de…”

Pero Bahaudin lo interrumpió, diciendo:

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Una vez un Sufi se encontró con un monje insatisfecho que salía del lugar de audiencia de Maulana Bahaudin Naqshband.
El monje dijo:
“Rehúye a ese hombre, porque sólo se ocupará de trivialidades. ¡He viajado desde China para beber de su sabiduría, y me ofrece un cuento infantil!”
Cuando el Sufi entró en la presencia del maestro, el Maulana dijo, como si leyese su mente:
“Hay mil libros clásicos, todos escritos para ilustrar una docena de verdades. Hay una docena de cuentos que contienen dentro de sí todas esas verdades. Si no fuese por la demanda que muchos hacen por la apariencia de cantidad en vez de la relevancia, la primera letra de la primera palabra de una sola historia infantil podría ser suficiente para instruir al hombre.
“Es debido a que el estudiante es de tan pobre calidad que el maestro tiene que repetir, agrandar y abultar cosas que de otro modo el estudiante no sería capaz de ver en absoluto.”
La exploración dérmica

Insatisfecho