Practicar la virtud por la virtuosidad en sí misma es, como mínimo, inconcluso. Tomado por sí solo, puede incluso ser nocivo para el individuo. Esto se debe a que la persona que se alimenta de esta emoción está consumiendo su cosecha al mismo tiempo que imagina que ha adquirido un mérito, crédito, o una ganancia de algún lado: está satisfecha de sí misma, a menudo sin darse cuenta.

Es más fácil e instantáneamente más provechoso predicar sólo el valor de la virtud. El inconveniente de hacerlo es que es falso. Sin embargo, la mayoría de las instituciones humanas que conocemos alaban hipócritamente la virtuosidad como un fin en sí misma.

La verdad es que tal virtud es un vicio.

Enmascarado como enseñanza superior, el moralismo generalizado confunde, por medio de la ignorancia técnica, la fijación y la obsesión con el verdadero logro productivo.

Este último factor no puede jamás aprenderse ni a partir de libros, ni a partir de un adoctrinamiento ingenuo de bajo nivel.

Aprender a saber
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PRÁCTICA DE LA VIRTUD