La confusión como problema personal

Pregunta: ¿Qué puedo hacer con mi confusión e inutilidad?
Respuesta: Las personas que piden ser liberadas de su confusión deberían primero tomar nota de estos tres puntos:

1. Deberían estar satisfechas de que yo (u otros) nos hayamos ofrecido para eliminar la confusión y estados similares. Los Sufis no lo han hecho. Por lo tanto tienen que rastrear la fuente de la oferta, si es que la hay, para eliminar confusiones y dirigirse a quien haya hecho la oferta. Si de hecho la “oferta” surgió en la mente del aspirante, este debería reconocerlo.
2. Deberían advertir que la confusión y estados similares pueden con frecuencia ser una protección. Puede no gustarte la niebla, pero si te está protegiendo de un tigre devorador de hombres, es mejor tenerla. Hay demasiados casos en los que la gente debería dar gracias a sus confusiones, que son escudos, en lugar de tratar de eliminarlas antes de ser capaces de enfrentar lo que hay detrás.
3. Muchísima gente, algo que por supuesto hoy es bien reconocido, crea y mantiene su propia confusión, aun cuando imagina estar intentando escapar de ella.
Por lo tanto, la respuesta a “¿qué puedo hacer con mi confusión?” es: “Encuentra cuál es su causa y por qué está allí. Luego decide si quieres hacer algo al respecto.

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The Sufis are unanimous that a Guide (Sheikh) is absolutely essential, though never available on demand: ‘the Sufis are not merchants’. Many Sufis are not guides. As with any other er ousted s n, teaching is a vocation, open only to those who are truly capable of discharging its functions.

Sufi Thought and Action

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The Mongols

When Samarkand was destroyed by the Mongol hordes, those who were not killed in the fighting fled to the East and West. Many reached only death in the desert. Famine, pestilence, the cruel horsemen of Mongolia destroyed many more: men, women and even children.
It is estimated that, apart from those who fell in battle, thirty million people were killed by the Khans who swore that they would wipe from the earth all who did not belong to their race.
Khwaja Anis, the dervish teacher at whose settlement in Afghanistan many refugees sought shelter, spoke to them thus:
‘You blame the Mongols. But your own habits and disunity have at least in part been responsible. This scourge has been, at least in part, called forth by the operation of your own folly, accumulating over the centuries.

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