El intercambio entre cristianos y musulmanes, marcado por el reconocimiento de la abrumadora importancia del concepto de sumisión a la Voluntad de Dios, ha estado presente continuamente durante los últimos catorce siglos.

Las palabras de Muhammad a Bahira a la edad de doce años hablan de su sola sumisión a Dios. La bienvenida que Waraqa le ofreció se basó en la repetición de la orden del ángel de obedecer a Dios; la protección que el rey etíope ofreció a los musulmanes estaba arraigada en el relato de estos acerca de sus esfuerzos por someterse, entregarse, a los principios que se les había predicado. El diálogo, que en el título de estas exposiciones lo caracterizamos como “Un intento de diálogo”, comenzó antes de la proclamación del islam, continuó a través de la infancia del islam y del período de la supremacía de los musulmanes en Oriente, ha de ser encontrado en el respeto mutuo durante las Cruzadas , en la España musulmana donde estudiaron tantísimos eruditos cristianos (incluido al menos un papa, Gerbert ), y sobrevivió al período colonizador del que acabamos de emerger. Se lo ha de encontrar tanto en los escritos como en los discursos de los pensadores musulmanes y cristianos contemporáneos, y de los trabajadores de estas comunidades en los campos de la política, la economía, la ciencia y las humanidades.

Los pensadores occidentales contemporáneos no desestiman la posibilidad de que la comprensión se desarrolle a partir del pensamiento de grandes intelectuales y místicos como al-Ghazzali – de quien tendremos más para decir en un rato – en reconocimiento de los problemas comunes que enfrentan los creyentes en la actualidad. En palabras del distinguido arabista y profesor W. Montgomery Watt de Edimburgo:

El islam ahora está luchando contra el pensamiento occidental como alguna vez luchó contra la filosofía griega, y está tan necesitado como lo estaba entonces de una “revivificación de las ciencias religiosas”. El estudio profundo de al-Ghazzali puede sugerir a los musulmanes que se tomen medidas si es que han de lidiar exitosamente con la situación contemporánea. También los cristianos, ahora que el mundo posee un crisol cultural, deben estar preparados para aprender del islam y es poco probable que encuentren una guía más cordial que al-Ghazzali.

El intercambio entre cristianos y musulmanes


 

 

 

 

 

 

 

Abdullah ben Yahya le estaba mostrando a un visitante un manuscrito que había producido.
Este hombre dijo: “Pero esta palabra ha sido escrita incorrectamente.”
De inmediato borró la palabra y la escribió según el parecer del invitado.
Cuando este se hubo ido le preguntaron a Abdullah: “¿Por qué hiciste eso, sobre todo cuando de hecho la ‘corrección’ era errónea, y escribiste la palabra equivocada en lugar de la original que era correcta?”
Contestó: “Fue una ocasión social. El hombre creyó que me estaba ayudando y que la expresión de su ignorancia era un indicio de conocimiento. Apliqué el comportamiento de la cultura y la amabilidad, no el de la verdad, pues cuando la gente quiere amabilidad e intercambio social no pueden tolerar la verdad. Si hubiese tenido con este hombre una relación de maestro-discípulo, las cosas habrían sido diferentes. Solo los estúpidos y los pedantes imaginan que su deber es enseñarle a todo el mundo, cuando generalmente la motivación de la gente no es buscar instrucción, sino atraer atención.”

La sabiduría de los idiotas

La nueva traducción ya está disponible en todos los formatos: papel + eBook + audiolibro.

También, como siempre, lo puedes leer gratuitamente aquí:

https://idriesshahfoundation.org/…/la-sabiduria-de-los-idi…/

Corrección


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fue casi tres décadas después, en la ocasión más importante de la vida de Muhammad, que otro cristiano – un árabe – devoto y bien versado en las Escrituras, un hombre que había buscado el camino Hanifita, entró en su vida. Esto fue en el año 610 d.c, cuando Muhammad recibió en la Cueva en el Monte Hira su primera experiencia espiritual y temió haberse vuelto loco; o – tal como dijo – transformado en poeta. Cuando la voz se dirigió a él, fue temblando de miedo a ver a su esposa en La Meca diciendo: “¡Ay de mí, poeta o poseído!”. Incluso había pensado en arrojarse desde lo alto de las rocas para suicidarse. Muhammad pensó que la gente nunca creería lo que tenía para decir, pero ella le recordó que tenía un carácter impecable y que era conocido por el título de al-Amin, el veraz.
De inmediato ella llevó a su esposo a lo de su primo Waraqah, hijo de Nofal, el devoto cristiano, para pedir su consejo. Waraqah escuchó el relato de la voz y lo que había dicho, y exclamó:

“¡Por el Dios santísimo! Si lo que has dicho es verdad, esta es la voz del Ángel que se le apareció a Moisés… No lo dudes Khadija, tu marido es el Profeta que ha surgido de la tribu de los Quraish…” Y él le dijo a Muhammad: “Si yo fuese a estar en el mundo de los vivos cuando tus parientes te envíen al exilio… quienquiera que traiga lo que tú traes caerá víctima de una persecución de lo más ruin.”

La voz había dicho, conservada en el Corán (74, 1 s.): “¡Oh Tú, envuelto en tu manto! Levántate y advierte.”

Fue casi tres décadas después





 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora me gustaría hacer una pausa para considerar algunas de las formas en que los musulmanes piensan en Allah, Dios a quien adoran y a cuya voluntad aspiran a someterse, entregarse. En palabras de una de las partes más conocidas del Misericordioso Corán, el Verso del Trono:

¡Alá! No hay otra deidad excepto Él
El Viviente, el Eterno.
Ni la somnolencia ni el sueño lo vencen
Suyo es lo que está en los cielos y en la tierra.
¿Quién podrá interceder ante Él si no es con Su permiso?
Él conoce todo lo que está ante ellos y lo que vendrá después;
Y no saben nada de su conocimiento excepto lo que Él quiere,
Y su trono se extiende sobre los cielos y la tierra,
Y su protección no es un lastre para Él
Y Él es el Altísimo y el Más Grande.

Otro de los pasajes más repetidos es la Sura 24 (La Luz), verso 35, conocido como el verso de la luz, que se refiere a Dios en la analogía de la iluminación, y que ha sido tomado por muchos de los místicos musulmanes, como al-Ghazzali , en su intento de enseñar el camino de entregarse a la voluntad de Alá:

Alá es la Luz de los cielos y de la tierra. Su Luz se parece a una lámpara dentro de un nicho. La lámpara está dentro de un cristal, como una estrella resplandeciente. Es encendida por un olivo bendito, ni de Oriente ni de Occidente y cuyo aceite casi brillaría por sí mismo, sin el efecto de ningún fuego. Luz sobre Luz. Alá guía hacia su luz a quien Él quiere.

Estos textos principales son tradicionalmente aquellos que han sido utilizados para la contemplación por místicos musulmanes que siguen el camino de la entrega.

Ahora me gustaría hacer una pausa para considerar algunas de las formas