Croador

P: Si, como dices, los rituales son ejercicios fosilizados, y que la literatura o las prácticas sobreviven a su utilidad, ¿cómo explicas el por qué tanta gente las mantienen tan tenazmente? Seguramente deben de cumplir una función valiosa…

R: Que la gente quiera algo no significa que esa cosa sea buena para ellos, o incluso que esté cumpliendo una función de hecho útil o irremplazable.

Hay una historia acerca de esto, la cual ha resultado ser un remedio muy bueno contra el intento de extraer algo útil de algo inútil, o incluso dañino.

Había una vez un pueblerino que fue a un tenderete de comida para comprar un trozo de pan con berro dentro, que vendía un campesino. Apenas puso el pan en su boca, una rana saltó fuera y se acuclilló en el suelo. El pueblerino, que nunca antes había visto una rana, se agachó y la agarró. La rana croó: “¡Ghar-ghar!”.

“Con Ghar o sin ghar”, dijo el individuo, “tú vuelves dentro del pan. Al fin y al cabo, ¡pagué buen dinero por ti!”.

El buscador de la verdad



“The universe is not outside of you.

Look inside yourself;

everything that you want,

you already are.”

~ Rumi



 

El jeque Ibrahim Gazur-Ilahi, entre los directores Sufis, ha destacado que cuando el maestro ha terminado su propio viaje, lo repite una y otra vez con cada aprendiz. Esto ha sido mencionado como la analogía de la semilla que está en la planta, y de la planta que está en la semilla.

El “método de enseñanza” de los Sufis debe adaptarse a los estudiantes y no puede ser algo mecánico, aplicado a todas las personas de forma exactamente igual.

P: Pero, dado que esta información está tan disponible al alcance general, y está contenida en las obras de los grandes maestros Sufis, ¿por qué no la buscan más personas?

R: Esto ha sido siempre un hecho. La respuesta, hoy como siempre, está en esta observación:

“Los sabios saben porque han pagado por su sabiduría. Tú no aceptas su consejo porque es ofrecido por mucho menos de lo que ellos han pagado por él.”

Aprender a aprender

Ibrahim Gazur-Ilahi




 

 

 

 

 

 

 

Nuri Bey era un reflexivo y respetado albanés que había desposado a una mujer mucho más joven que él.
Un atardecer, habiendo retornado a su hogar más temprano que de costumbre, un fiel sirviente se le acercó y dijo:
“Vuestra esposa, nuestra señora, está actuando sospechosamente.
“Se encuentra en sus aposentos con un enorme cofre, el cual perteneció a vuestra abuela, lo suficientemente grande como para contener un hombre.
“Sólo debería contener unos pocos bordados antiguos.
“Creo que ahora quizá haya mucho más en él.
“Ella no permite que yo, vuestro más antiguo criado, mire dentro.”
Nuri fue a la habitación de su mujer, y la encontró sentada desconsoladamente junto a la enorme caja de madera.
“¿Me mostrarás qué hay en el cofre?”, preguntó.
“¿Debido a la sospecha de un sirviente, o porque no confías en mí?”
“¿No sería más fácil abrirlo, sin pensar en los matices?” preguntó Nuri.
“No creo que sea posible.”
“¿Está cerrado?”
“Sí.”
“¿Dónde está la llave?”
Ella la mostró. “Despide al sirviente y te la daré.”
El sirviente fue despedido. La mujer entregó la llave y se retiró, obviamente perturbada.
Nuri Bey pensó un largo rato. Luego llamó a cuatro jardineros de su finca. Juntos transportaron por la noche el cofre cerrado hacia un distante lugar de la hacienda, y lo enterraron.
El asunto jamás volvió a ser mencionado.

Cuentos de los derviches
Puedes leer el libro, gratis, aquí:
http://idriesshahfoundation.org/…/libros/cuentos-de-los-de…/

El viejo cofre de Nuri Bey


Japón donó suplementos médicos a China y puso en las cajas un poema budista:
“Tenemos diferentes montañas y ríos, pero compartimos el mismo sol, la misma luna y el mismo cielo”.

Después, China envió mascarillas médicas a Italia y colocó en las cajas un poema de Séneca, antiguo filósofo romano:
“Somos olas del mismo mar, hojas del mismo árbol, flores del mismo jardín”.