Donde se inicia

Cierto maestro Sufi y uno de sus discípulos recorrían a pie un camino de campo. El discípulo dijo:

“Sé que el mejor día de mi vida fue cuando decidí buscarte y descubrí que, a través de tu Presencia, me encontraría a mí mismo.”
El Sufi dijo:
“La decisión, ya sea de apoyo u oposición, es algo que no conoces hasta que lo sabes. No lo conoces por el hecho de pensar que lo sabes.”
El discípulo dijo:
“El significado de tus palabras me resulta oscuro, y tu declaración es confusa para mí, y tu intención me está velada.”
El maestro dijo:
“Dentro de unos instantes verás algo acerca del valor de la decisión, y quién es aquel que toma las decisiones.”
Rápidamente llegaron a una pradera donde un granjero jugaba con un perro, arrojándole un palo. El Sufi dijo:
“Voy a contar hasta cinco, y ese hombre le lanzará tres palos al perro.”
En efecto, cuando el Sufi hubo así contado, el campesino agarró tres palos y los arrojó al perro, a pesar de que estaban lo suficientemente lejos para no ser escuchados ni ser vistos por el campesino.
Entonces el Sufi dijo:
“Contaré hasta tres, y el hombre se sentará.”
Apenas el Sufi hubo contado hasta tres, el campesino se sentó en el suelo repentinamente.
Ahora el discípulo, lleno de asombro, dijo:
“¿Podría ser inducido a que alce los brazos?” El Sufi asintió con la cabeza, y mientras lo miraban, el campesino alzó sus dos manos hacia el cielo.
El discípulo se mostró maravillado, pero el Sufi dijo:
“Acerquémonos para hablar con él.”
Después de saludar al trabajador, el Sufi le dijo:
“¿Por qué hiciste que el perro buscara tres palos en vez de uno?”
El granjero contestó:
“Decidí hacerlo como una prueba, para ver si él podía perseguir más de un palo.”
“¿Entonces fue una decisión tuya?” “Sí”, dijo el hombre, “nadie me dijo que lo hiciera.”
“¿Y por qué”, prosiguió el Sufi, “te sentaste tan repentinamente?”
“Porque se me ocurrió descansar.”
“¿Alguien te lo sugirió?”
“No había nadie aquí que pudiese sugerírmelo.”
“Y cuando levantaste tus brazos al cielo, ¿por qué lo hiciste?”
“Porque decidí que seguir sentado en el suelo era de perezoso, y sentí que levantando los brazos hacia los cielos indicaría que debía trabajar en lugar de descansar, y que la inspiración de sobreponerme a la pereza me llegaba desde las alturas.”
“¿También esa fue una decisión tuya y de nadie más?”
“Así es, ya que no había nadie que pudiese tomar la decisión por mí; y en todo caso, tal acto procedió de mi acción anterior.”
El Sufi se volvió hacia el discípulo y dijo:
“Justo antes de esta experiencia tú me decías que te alegrabas de haber tomado ciertas decisiones, tal como aquella acerca de que debías buscarme.”
El discípulo estaba completamente en silencio, pero el granjero dijo:
“Yo los conozco a ustedes los derviches: estás intentando impresionar con tus poderes a este malhadado muchacho, pero seguramente eso sea una forma de superchería.”

El monasterio mágico
Puedes leer el libro, gratis, aquí:
http://idriesshahfoundation.org/es/libros/el-monasterio-magico/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s