Hemos visto cómo los cristianos y los musulmanes han pensado de forma similar y trabajado juntos, cómo han respetado la espiritualidad y el servicio del otro, y cómo cada uno ha apreciado el concepto de entrega que es inherente a la tradición que los une.

Antes de profundizar en la sociología, la psicología o la historia de las dos religiones, quiero contarles algo sobre un enfoque musulmán típico. Aquí están las palabras de uno de nuestros más grandes místicos, al-Ghazzali (1058-1111), cuyas obras fueron tan estimadas en la Edad Media de la cristiandad que, así como está registrado en Occidente, los clérigos sostenían la creencia de que en realidad era un escritor cristiano, “versado en la doctrina”; mientras que Ghazzali era, por supuesto, no solo un místico Sufi experiencial sino también un exprofesor de teología islámica del Nizamia en Bagdad.

En los pasajes aquí seleccionados del Minhaj al-Abidin (“El camino de los adoradores”, o “El buen camino de los sometidos”), describe las experiencias y las disciplinas que acompañan al buscador en sus esfuerzos por adorar y cumplir la voluntad de Dios.

Primero podemos notar brevemente la opinión de un erudito cristiano sobre él:
Otro escritor cuyo trabajo tuvo gran influencia en Occidente fue Algazel (Abu Hamid ibn Muhammad al-Tusi al-Ghazzali) (1058-1111). Apodado Hujjatu-l-islam, “La Prueba convincente del islam”, su variada vida transcurrió en medio de los importantes movimientos intelectuales y religiosos de su época. A su vez había sido filósofo, escolástico, tradicionalista, escéptico y místico. Hombre de sinceridad incuestionable y firme propósito moral – uno de los poquísimos hombres de su raza que constantemente se esforzó por despertar en sus correligionarios un afán por la moralidad – ha mantenido en el islam una posición que se podría comparar con la de Santo Tomás de Aquino en el cristianismo. Al leer sus tratados teológicos uno debe realizar un esfuerzo para recordar que el autor es un Mahometano.

Este es el pasaje que describe los Siete Valles, escrito en el siglo XI y considerado un manual de enseñanza mística, derivado de la propia experiencia de Ghazzali:

LOS SIETE VALLES

Sepan, hermanos míos, que la adoración es el fruto del conocimiento, el beneficio de la vida y el capital de las virtudes. La finalidad y el objetivo de los humanos de aspiraciones nobles es tener una visión interior aguda. Es su summum bonum y su eterno Paraíso. “Soy tu Creador”, dice el Corán. “Alábame. Tendrás tu recompensa y tus esfuerzos serán recompensados.”

Entonces la adoración es esencial para el humano, pero está plagada de dificultades y tribulaciones. Tiene escollos y trampas en su tortuoso camino que es asediado por salvajes y duendes, mientras que los ayudantes son escasos y los amigos son pocos. Pero este camino de adoración debe ser peligroso pues el Profeta dice: “El Paraíso está rodeado de sufrimientos y cubierto por tribulaciones, mientras que el Infierno rebosa de confort y el libre disfrute de las pasiones.” ¡Pobre hombre! Él es débil, sus compromisos son pesados: los tiempos son difíciles y la vida es corta. Mas el viaje desde aquí hacia el más allá es inevitable, y si no toma las provisiones necesarias seguramente perecerá. Reflexiona sobre la gravedad de la situación y la seriedad de nuestra condición. Por Alá, nuestra suerte es realmente lamentable, pues muchos son convocados pero son pocos los elegidos.

Cuando encontré al camino de adoración tan difícil y peligroso compuse ciertas obras, principalmente Ihya ulum-iddin, en las que señalé las formas y los medios de superar esas dificultades, enfrentándome audazmente a los peligros y atravesando el camino con éxito. Pero ciertas personas que miraban las manifestaciones externas de mi trabajo no entendieron el significado y el propósito del mismo, y no solo rechazaron el libro sino que lo trataron de una manera que no era digna de un musulmán. Pero no me desanimé pues había personas que solían ridiculizar el Sagrado Corán, llamándolo “Las Historias de los Antiguos”. Tampoco me ofendí, ya que sentía lástima por ellos pues no sabían lo que se estaban haciendo a sí mismos. Ahora odio los debates pero debo hacer algo por ellos. Así que debido a la compasión que siento por mis hermanos, oré a Dios para que me iluminara sobre el tema de una manera nueva.

Entonces escucha que el primer requisito que despierta al humano del letargo del olvido y lo dirige hacia el sendero es la gracia de Dios que agita la mente para meditar así:

Soy el beneficiario de tantos dones – vida, poder, razón, habla – y me encuentro misteriosamente protegido de muchos problemas y males. ¿Quién es mi benefactor? ¿Quién es mi salvador? Debo estarle agradecido de una manera adecuada, de lo contrario se me quitarán los dones y quedaré deshecho. Estos dones revelan su propósito como lo hacen las herramientas en manos de un artesano, y el mundo se me presenta como una hermosa imagen que dirige mis pensamientos hacia el pintor.

El elefante en la oscuridad

Disponible por primera vez en español, en formato papel + eBook + audiolibro.

También, como siempre, lo puedes leer gratis aquí:

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