La épica misión sin terminar de Richard Williams

 

Que quede como registro de que el perfeccionismo dentro del campo de la animación fue para Richard Williams y la locura de proyecto que siempre quiso hacer.

 

 

El fin de semana pasado fue uno de los más tristes para los interesados en el campo de la animación, ya que Richard Williams falleció a los 85 años sin mucha fanfarria dentro de la industria y los medios, casi como dando a decir que su nombre nunca fue tan impactante como el de contemporáneos. Lo cierto es que Williams se trató de uno de los últimos -quizás el último- animador tradicional, y mientras que la gente lo recuerda por su titánica labor dentro de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1988)hay un proyecto dentro de su haber, que nos dice mucho del legado de Williams, su perfeccionismo de leyenda, y la tragedia que tuvo de nunca poder ver su obra maestra completa.

Richard Williams nació el 19 de Marzo de 1933 en Toronto, Canadá y siempre dejó claro que hubo dos factores para su amor en el campo de la animación: el primero era que su madre Kathleen Bell trabajaba como dibujante de publicidad, la segunda fue haber visto Blanca Nieves y los siete enanitos () a la edad de 5 años.

Fue con la ayuda de su padrastro que Williams se iniciaría en el campo de la animación -de manera profesional, porque de niño ya habíad emostrado sus capacidades dibujando un gracioso pájaro con gracia en unas hojas escolares a los 12 años- trabajando en diversos comerciales canadienses para después intentar llevar una carrera de animador en Londres desde 1955… situación con poco éxito y de la cual Richard Williams apenas y sobrevivía… no fue sino hasta el apoyo del animador Bob Godfrey que Williams comenzaría a tener trabajo de manera recurrente, y el animador debaja que el joven solitario usara las máquinas de dibujar a complacencia, siempre y cuando fuera con su dinero y en el horario posterior al del trabajo: fue así que Williams terminaría su primero corto animado, La isla pequeña (1958) el cual ganaría un premio BAFTA.

 

Este, y el éxito de su segundo trabajo Love me love me love me (1962) lo animaron a aventurarse con su propio estudio Richard Williams Productions localizado en Soho Square, lugar repleto de prostitutas, cines pornográficos y una alta taza criminal. Richard Williams Productions era un estudio muy pequeño, pero que se dedicó a la producción de comerciales y de las populares secuencias de créditos de películas que para ese entonces cobraban popularidad como What’s New Pussycat (1965), y Casino Royale () entre una decena más. Esto solventaba la idea pasional de Williams y sus colegas, que nació en el año de 1964 tras las ilustraciones que estos crearon para la traducción inglesa de Las aventuras del incomparable Mulla Nasrudin realizada por Idries Shah. Enamorado con las ilustraciones y las historias, Williams le propuso a Shah hacer un filme del personaje, con un acuerdo del 50% y 50% de las ganancias obtenidas por el proyecto; para hacer sentir a la familia de Shah de que iba en serio, dejó que Omar Shah -el hermano de Idries– se encargara de las finanzas de Richard Williams Productions y que funcionara como productor para la películar.

Richard Williams Productions era un estudio muy pequeño para un primero largometraje, así que Williams se dispuso a buscar más animadores para el proyecto, terminaría reclutando a maestros en el campo de la animación, en parte porque Williams se veía como un futuro en donde el animador tenía nombre, no era solamente una mano sin nombre en un estudio abandonado, sin crédito. Williams obtuvo la ayuda de Ken Harris cuyo trabajo en Warner Brothers incluyó la secuencia de danza de What’s opera, Doc? (Chuck Jones, 1957) y varios segmentos de El coyote y el correcaminos, y a Roy Naisbit – animador no acreditado en 2001: Odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968).

Con el impulso de nuevos trabajadores dentro del estudio, Williams terminaría dirigiendo de lado una adaptación de Cuento de Navidad (1971), que para 1972 le daría otro premio clave para la industria: un premio de la Academia mejor corto animado… solamente que para Williams esto no tenía importancia, esto simplemente ayudaría a la realización de Las aventuras del incomparable Mulla Nasrudin.

Richard Williams estaba ensimismado con el proyecto, trabajando ya por más de 5 años y el cual, al igual que en sus inicios como animador, se llevaba trabajo a casa, lo que le provoó un distanciamiento de su esposa con la que terminaría divorciándose. Las aventuras del incomparable Mulla Nasrudin, sin duda una historia guía, tenía animación de prueba de 3 horas, duración más extensa que cualquier otra película de la historia… el problema, era que carecía de un hilo narrativo. Howard Blake que había sido contratado como compositor, le sugirió a Williams una estructura tradicional, enfocada a un protagonista.

Esta decisión significaría empezar el proyecto de cero, algo que no le agradó a Williams pero que fue obligada situacionalmente. El estudio, a pesar de tener más proyectos secundarios, perdía mucho dinero todo por culpa de Omar, quien no estaba realizando bien las cuentas del estudio, y que se estaba robando dinero por temor a que la película nunca viera la luz del sol. A eso se le sumaba el hecho de que la hermana de Shah estaba demandando a éstos por su supesta autoría del proyecto, logrando que al final Richard Williams perdiera los derechos y tuviera un proyecto inútil… salvo un pequeño detalle. En la película Mulla era acompañado de un personaje secundario, el cual no aparecía ni en las ilustraciones originales ni en los cuentos, un personaje sin nombre al cual los animadores se referían a él como: El ladrón.

Howard Blake seguría en la segunda revisión del proyecto, esta vez como guionista, el cual le dio relevancia al personaje del ladrón y a su nuevo protagonista: un zapatero pálido y mudo llamado Tak, en un homenaje bastante obvio al humor fílmico de la etapa muda, con estrellas como Chaplin o Harold Lloyd. A falta de dinero, Richard Williams Productions se volvería además de un estudio de animación, una escuela para los interesados en dicho arte, impartida por los veteranos del lugar, los cuales ya incluían a nombres como Art Babbit, el creador de Goofy. A pesar del resurgimiento del proyecto, Williams para esta segunda ocasión se presentó más exigente frenet a la animación que iban a realizar, obligando a los animadores a realizar 24 dibujos por segundo, algo lejos de los habituales 12, 8 y 4 que la industria generaba para agilizar producciones.

El filme desesperadamente necesitaba de una inversión privada para poder realizarse a velocidad, porque los costos no se agilizaban con las producciones alternas. Williams obtuvo el interés de un príncipe de Arabia Saudita: Mohammed bin Faisal Al Saud. El príncipe le daría al estudio $100,000 dólares para una prueba de animación, la cual si resultaba convincente para él, produciría todo el filme. Terminarían animando la secuencia final, una secuencia que demostraba las exigencias de Williams frente al proyecto, con novedosos movimientos dentro del filme que daban una sensación de 3D encima de una fluidez jamás vista:

La pieza costó más de los $100,000 dólares acordados. Con un costo real de $250,000 y con un retraso de 1 año… el príncipe tachó de maravilla el proyecto, pero que venía de la mano de un loco que no podía realizarlo a tiempo si bucaba ese grado de perfeccionismo.

Con la llegada de los años ochenta, la película no avanzaba y la muerte de Ken Harris en 1982 fue algo que terminaría lastimando a Williams, quien lo veía como su maestro en el campo de la animación y su mejor amigo. Gary Kurtz, productor de Star Wars (George Lucas, 1977) y Jake Ebert, productor de Watership Down (1978) -estarían interesados en el proyecto pero jamás lograron algo sustancioso, fue la llegada de Steven Spielberg al proyecto lo que le daría un giro drástico a la vida de Richard Williams. Si bien vio el proyecto y quedó maravillado con lo que hicieron, no quiso producirlo, pero le ofreció una propuesta de trabajo demandante al animador porque trabajaría bajo las exigencias de otro director -algo que llevaba años evitando- y que pondría pausa al proyecto, la buena noticia es que esto le daría una gran suma de dinero a su estudio.

Sin nada más que perder, aceptó y así fue como Richard Williams comenzó a trabajar en ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y el éxito llegó. Su trabajo en la película fue una revolución en efectos especiales, dándole a Williams dos premios de la Academia: mejores efectos visuales, y un premio honorario; la noche de la ceremonia, con un Robin Williams disfrazado de Mickey Mouse que distrae a la audiencia, Richard Williams recoge sus dos estatuillas doradas y en un momento de presión habitual por el recorte de su discurso, advierte con orgullo que “lo mejor está por venir”… obviamente refiriéndose al proyecto de ensueño, el que tanto trabajo le ha costado:

Con el éxito de Roger Rabbit, Warner Brothers se acercó al estudio y ofreció un trato de producción y distribución de la obra que no era un secreto en la industria, esto sería apenas el segundo estudio en intentar llegar al filme tras la huída de Paramount Pictures. En la primera etapa del filme se propusieron 50 MDD en la producción, con otros 50 para marketing, además de una inversión privada japonesa que Williams obtuvo de manera independiente. Enfocado a la realización de El ladrón y el zapatero, título ya formal de la película para ese entonces, Williams rechazó las producciones de una secuela de Roger Rabbit y la oferta de Disney para dirigir La bella y la bestia (1991).

La oferta de Disney no sería el único problema con la compañía. Para ese entonces se encontraba en producción una película que era el proyecto de ensueño de Howard Ashman -letrista y amigo de Alan Menken– que era un musical ambientado en la arabia de las Mil y una noches. Aladino buscaba estrenarse en 1992 sin temor de Richard, porque él veía a su proyecto como el original y mejor realizado… pero esto sí le infundió miedo a Warner Brothers, los cuales no querían verse como el estudio que copió la fórmula exitosa de Disney, y buscaban que El ladrón y el zapatero se estrenara a tiempo, mandando a productores asociados semana a semana al estudio de Williams, los cuales les trajeron pésimas noticias, porque detallaban la caótica producción del filme, el cual sorprendentemente no incluía storyboards o planes de producción, en donde los animadores trabajaban de manera libre bajo las demandas de Williams sin tiempo definido, por lo que obviamente era la cause de subidas de presupuesto y fallas constantes a las fechas de entrega.

El 15 de Mayo de 1992, dos días después de una entrega fallida de resultados, fue el peor día para Richard Williams a lo largo de este tiempo. Warner Brothers abandona el proyecto, sus inversionistas japoneses hacían lo mismo por la crisis económica que veían venir en su país, y por una cláusula que Williams no prestó tanta atención en el momento, quedó fuera del proyecto y sin los derechos.

El ladrón y el zapatero quedó bajo encargo de The Bond Company y Fred Calvert -quien hacía los reportes para Warner Brothers– quedó como el encargado de terminar el proyecto final. Calvert decidió eliminar secuencias que consideraba innecesarias y, a pesar de los años de Williams a negarse a seguir la tendencia del estudio más importante de animación, la película contendría segmentos musicales, cuatro para ser exactos y los cuales terminarían bajo la dirección de 4 estudios de animación fuera de Richard Williams Productions, además de mandar el resto de la película, a un estudio de animación taiwanés. La película pronto obtuvo el título de La princesa y el zapatero y tendría un estreno formal en 1993 en mercados australianos y sudafricanos.

Para el estreno comercial en Estados Unidos, La princesa y el zapatero fue comprada por Miramax, en donde Harvey Weinstein hizo cambios adicionales al filme, considerando que el público normal pensaría que esta película estaba copiando a Aladino, y así sería la noción: abrazaron el concepto que nunca fue realidad. Esa decisión y la de darle voz a los personajes que originalmente eran mudos, eran parte del proceso de aberración de la obra maestra de Williams. La película ahora con el título de Noches de Arabia, se estrenaría el 25 de Agosto de 1995, siendo un fracaso de taquilla y crítica, acumulando apenas $300,000 dólares en su taquilla total en dos semanas de duración, terminando en su punto más bajo… como regalo dentro de una caja de cereal de Kellogg’s.

Durante la etapa de producción de Warner Brothers, una copia del material sin alterar de Richard Williams que se mostraba como pruebas se volvió un habitual regalo entre animadores y fanáticos, muy a pesar de su calidad como cinta de VHS pirata. Williams no podía hacer legal esta copia, porque a pesar de que tuviera otro nombre alterno al del estreno oficial, los derechos los tenía el estudio de Harvey Weinstein pero tuvo una idea, ya que Miramax al ser parte de Disney en ese entonces significaba que el estudio de Mickey Mouse podría restaurar el proyecto en su versión original. Para ese entonces obtuvo una respuesta positiva de Roy E. Disney, quien trataba de mantener el legado de su padre con proyectos como Fantasía 2000 y del resguardo de archivo fílmico de la compañía a través de series limitadas de producción, sin embargo, la respuesta de Disney vino también con el debacle de este frente al CEO Michael Eisner, por lo que las intenciones de restaurar El ladrón y el zapatero, fueron desestimadas, o por lo menos eso pensó Williams, quien nunca volvería a acercarse a un estudio de cine para intentar recuperar su proyecto.

Richard Williams pasaría la última etapa de su carrera no como animador, sino como la labor que los pioneros ofrecían en su estudio: como maestro. Fue una etapa de gran éxito para el artesano porque además de tener constante flujo de jóvenes interesados en la materia, fue cuando obtuvo el tiempo de editar uno de los libros más importantes dentro del campo de la animación: El kit de supervivencia del animador.

No se volvería a saber de El ladrón y el zapatero hasta el año 2006, con la labor de amor de Garret Gilchrist, un cineasta independiente que comenzó a amasar material sobre el filme, para poder darle una restauración tal y como lo fue la idea original de Richard Williams. Usando materiales de la cinta no oficial, la primera versión de la restauración se actualizó en tres ocasiones, siendo la última en el año 2013, con un transfer en alta definición apoyado por una copia de 35mm que obtuvo a la par de material de animadores dentro del proyecto, y también la restauración de Gilchrist de algunas escenas. Se puede ver la versión final de la restauración de manera gratuita en el canal oficial del proyecto, que además sirve para archivar digitalmente la labor de Richard Williams dentro del campo de la animación en cortos y comerciales:

Y a pesar de que Richard Williams nunca vio la versión restaurada, siempre le agradeció a Gilchrist y a los interesados dentro del proyecto, porque gracias a este, la versión que él tenía resguardada como corte final tuvo un estreno oficial en el año 2013, además de que la Academia de Ciencias y Artes Fílmicas archivó de manera física y digital su versión; y la película se encuentra ahora en el departamento de investigación de Disney. Existen pláticas para restaurar el filme a nivel comercial con un lanzamiento en Blu Ray, pero por desgracia Richard falleció de un agresivo cáncer de pulmón que le aquejaba desde hacía ya unos años, sin poder llegar a presenciar el momento en el cual, la obra maestra de la animación más legendaria de nuestros tiempos, llegara a un público de manera oficial.

Link original: https://zonafranca.mx/cultura-y-entretenimiento/cultura/la-epica-mision-sin-terminar-de-richard-williams

Deusdedit Diez de Sollano Valderrama

* Deusdedit Diez de Sollano Valderrama es comunicólogo, amante de todas las artes y experto en crear debates que no son nada útiles. Lleva su vida sobre un concepto numérico sin sentido y encuentra inspiración en cosas minúsculas, a veces colecciona cosas para recordar quién es. facebook.com/deusdedit.diezdesollano Twitter: @Tidedsued

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