La alternativa

 

 

 

 

 

 

“Soy un hombre hospitalario”, dijo Nasrudin a un grupo de compinches en la casa de té.
“Muy bien, entonces llévanos a todos a cenar a tu casa”, dijo el más glotón.
Nasrudin reunió a todo el grupo y comenzó a ir rumbo a su casa con ellos.
Cuando estaba a punto de llegar, dijo:
“Me adelantaré y le avisaré a mi mujer… ustedes esperan acá.”
Su mujer lo abofeteó cuando le dio la noticia.
“No hay comida en la casa… haz que se vayan.”
“No puedo hacer eso, mi reputación de hospitalario está en juego.”
“Muy bien, entonces ve arriba y les er que tuviste que salir.”
Luego de casi una hora los invitados comenzaron a ponerse nerviosos y se apiñaron alrededor de la puerta, gritando: “Déjanos entrar, Nasrudin.”
La mujer del Mulá salió a enfrentarlos.
“Nasrudin se fue.”
“Pero lo vimos entrar a la casa, y hemos estado mirando la puerta todo el tiempo.”
Ella quedó en silencio.
El Mulá, observando todo desde una ventana de arriba, fue incapaz de contenerse. Asomándose, gritó: “Podría haber salido por la puerta de atrás, ¿no?”

Las hazañas del incomparable Mulá Nasrudín:
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La alternativa

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