Falsos maestros

 

P:¿Por qué hay tantos falsos maestros espirituales dando vuelta?

R: Esta es una de las preguntas más comunes, y hay casi tantas respuestas comogente que pregunta. Donde haya una cosa verdadera o útil, con seguridad habrá una falsificación.

Esto no significa que la intención original fuera mala, pero las cosas resultan mal si no están organizadas correctamente.

No hay diferencia entre este problema y aquel del ‘taiwanés herido de amor’: Había una vez un joven en Taiwán que deseaba ardientemente que cierta joven se casase con él. Le escribió cartas durante un período de dos años, a razón de una por día, declarando su amor. Esto continuó, dice United Press, desde 1972 hasta 1976. Sin ese esfuerzo habría sido difícil que la mujer se comprometiese, tal como lo hizo, con el cartero que le llevaba las cartas.

El buscador de la verdad
Léelo gratis, aquí:
http://idriesshahfoundation.org/…/libros/el-buscador-de-la…/




 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cierto hombre creía que la vigilia ordinaria, la vida tal como la gente la conoce, no podía en absoluto ser completa.
Buscó al verdadero Maestro de la Era. Leyó muchos libros y se unió a varios círculos y escuchó las palabras y presenció los actos de un maestro tras otro. Llevó a cabo las órdenes y los ejercicios espirituales que le parecieron más atractivos.

Se sintió exultante con algunas de sus experiencias; en otros momentos estaba confundido y no tenía ni idea de cuál era la etapa en la que estaba, o dónde y cuándo terminaría su búsqueda.

Un día, este hombre estaba repasando su comportamiento cuando de repente se halló cerca de la casa de cierto sabio de gran renombre. En el jardín de esa casa se encontró con Khidr, el guía secreto que muestra el camino a la Verdad.
Khidr lo llevó a un lugar donde vio gente muy angustiada y afligida, y preguntó quiénes eran. “Somos aquellos que no seguimos enseñanzas verdaderas, quienes no fuimos fieles a nuestras promesas, quienes veneramos a maestros autoproclamados”, dijeron.

Luego el hombre fue llevado por Khidr a un lugar donde todos eran atractivos y estaban llenos de alegría. Preguntó quiénes eran. “Somos aquellos que no seguimos las verdaderas Señales del Camino”, contestaron.
“Pero si han ignorado las Señales, ¿cómo pueden estar felices?”, preguntó el viajero.

“Porque elegimos la felicidad en vez de la Verdad”, dijo la gente, “así como aquellos que eligieron a los autoproclamados también eligieron la desdicha.”
“Pero, ¿no es la felicidad el ideal de la humanidad?”, preguntó el hombre.
“El objetivo de la humanidad es la Verdad. La Verdad es más que la felicidad. La persona que tiene la Verdad puede tener el humor que desee… o ninguno”, le dijeron. “Hemos hecho de cuenta que la Verdad es felicidad y que la felicidad es la Verdad, y la gente nos ha creído; por lo tanto, tú también has imaginado hasta ahora que la felicidad debe ser lo mismo que la Verdad. Pero la felicidad te hace su prisionero, como lo hace la desdicha.”

Entonces el hombre se encontró de regreso en el jardín, con Khidr a su lado.
“Te concederé un deseo”, dijo Khidr.
“Me gustaría saber por qué he fallado en mi búsqueda y cómo puedo llevarla a cabo exitosamente”, dijo el hombre.

“No has hecho más que desperdiciar tu vida”, dijo Khidr, “porque has sido un mentiroso. Tu mentira ha estado en buscar satisfacción personal cuando podrías haber estado buscando la Verdad.”
“Y sin embargo llegué al punto donde te encontré”, dijo el hombre, “y eso es algo que no le sucede a casi nadie.”

“Y me encontraste”, dijo Khidr, “porque por apenas un instante tuviste la suficiente sinceridad para desear la Verdad por sí misma. Fue aquella sinceridad, en ese instante único, la que me hizo responder a tu llamada.”
Ahora el hombre sentía un incontenible deseo de encontrar la Verdad, incluso si terminaba perdiéndose a sí mismo.

Sin embargo, Khidr estaba empezando a alejarse caminando y el hombre comenzó a correr tras él.

“No me sigas”, dijo Khidr, “porque estoy regresando al mundo ordinario, el mundo de las mentiras, pues allí es donde tengo que estar si he de hacer mi trabajo.”
Y cuando el hombre miró nuevamente a su alrededor se dio cuenta de que ya no estaba en el jardín del sabio, sino en el País de la Verdad.

Pensadores de Oriente

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Pensadores do Oriente

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El País de la Verdad






 

 

 

 

 

 

 

Una vez un hombre atrapó un pájaro. El pájaro le dijo: “No te soy útil como prisionero. Pero déjame en libertad y te daré tres valiosos consejos.”

El pájaro prometió dar el primer consejo estando aún atrapado por el hombre, el segundo cuando alcanzara una rama, y el tercero al llegar a la cima de una montaña.

El hombre aceptó, y pidió el primer consejo.

El pájaro dijo: “Si pierdes algo, aunque lo valores tanto como a la vida misma, no lo lamentes.”

Entonces el hombre soltó al pájaro, que voló a una rama.

Continuó con el segundo consejo: “Nunca creas en algo que contradiga a la razón, sin tener pruebas.”

Luego, el pájaro voló a la cima de la montaña. Desde allí dijo: “¡Oh, desafortunado! ¡Dentro de mí hay dos enormes joyas; y si sólo me hubieses matado habrían sido tuyas!”

El hombre se angustió al pensar en lo que había perdido, pero dijo: “Al menos dime ahora el tercer consejo.”

El pájaro replicó: “¡Qué tonto eres, pidiendo más consejos sin haber meditado acerca de los dos primeros! ¡Te dije que no te preocuparas por lo que se ha perdido, y que no creyeras en algo contrario a la razón. Ahora estás haciendo ambas cosas. Estás creyendo algo ridículo y te afliges por haber perdido algo! No soy lo suficientemente grande como para tener dos enormes joyas dentro de mí.

“Eres un tonto: por lo tanto debes permanecer dentro de las restricciones habituales impuestas al hombre.”

Cuentos de los derviches
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Tres consejos