Durante los meses en los que he estado trabajando activamente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante los meses en los que he estado trabajando activamente en, y pensando en la preparación de, este material, mencioné a cierto obispo mi tarea y el placer que sentía ante la posibilidad de contribuir a este tema. Sus palabras fueron: “¿El islam? ¿Ese montón de basura vieja? ¿Me estás queriendo decir que alguien en su sano juicio está interesado en él? Bueno, supongo que debemos tomarlo como parte integral de la decadencia actual de los estándares, como esos jóvenes necios que recurren a las religiones orientales y esas tonterías como la astrología y la brujería. Sería mejor aconsejarles a tus amigos que buscaran una orientación cristiana sólida sobre la verdad del cristianismo, lo que pronto pondría fin a esos disparates.”

Otro clérigo principal, de otra persuasión cristiana, me condujo a su biblioteca donde “comprobó” en sus libros que los musulmanes adoraban ídolos llamados Termagantes. También dijo que había leído que los musulmanes creían que el ataúd de Muhammad estaba milagrosamente suspendido en el aire pero no se les permitía verlo y que su primera necesidad, ya que para tales personas la capacidad de entregarse a Dios estaba lejísimos, era rendirse ante la verdad y salvar sus almas mediante la conversión al cristianismo. No creo que estuviera muy contento cuando decidí responderle a su propio nivel y dije: “Parece una religión muy atractiva, pero me temo que apenas tendré que intentar entregarme a Dios, ya que no creo que los termagantes me dejen aceptar tu profunda erudición.”

El propósito de narrarles estos casos es subrayar el hecho de que cuando hablamos de “cristianos” y “musulmanes”, primero debemos asegurarnos de que estamos hablando de personas que tienen una idea, que debería ser más o menos correcta, acerca de lo que supuestamente el otro cree y lo que se espera que haga como consecuencia de esa creencia. A partir de mi experiencia personal y la examinación de la literatura, siento que no podemos dar por sentado que un diálogo es posible, sin información y quizás sin comprensión, entre individuos o grupos en todos los niveles. Así que el prerrequisito es la información.

El elefante en la oscuridad

Disponible por primera vez en español, en formato papel. Próximamente como eBook + audiolibro.

También, como siempre, lo puedes leer gratis aquí:

http://idriesshahfoundation.org/…/el-elefante-en-la-oscuri…/

Durante los meses en los que he estado trabajando activamente

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