En primer lugar, debemos observar el argumento de que hay dos clases de maestro:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En primer lugar, debemos observar el argumento de que hay dos clases de maestro: el común, que siente una necesidad de enseñar, que a menudo se la denomina vocación, una llamada. El segundo tipo, el maestro Sufi, ha tenido inicialmente una sed aún más fuerte de aprender. Cuando esta sed se ha mitigado, él está entonces en posición de decidir si debería ser un maestro o no. Aquellos que actúan en nombre de maestros Sufis, administrando – por así decirlo – sus cursos prescritos, no son maestros sino canales, aunque a veces pueden ser estudiantes al mismo tiempo. La distinción puede parecer sutil a aquellos no acostumbrados a esto, pero en la práctica se vuelve completamente clara. “La paciencia es el alimento de la comprensión”.

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En primer lugar, debemos observar el argumento de que hay dos clases de maestro:

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