Historias de náufragos e islas desiertas

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Jason Webster

En el punto oriental de la Sierra Nevada, no muy lejos de Granada, se encuentra una pequeña ciudad arenosa del interior, casi perdida en medio de un paisaje seco y desértico.

El turista que se desvía en su dirección descubre una catedral imponente, calles medio vacías, y un sinfín de cuevas en las colinas del alrededor, hogares antiguos de la amplia comunidad gitana que se estableció ahí siglos atrás. Guadix tiene un encanto especial y tranquilo, y el visitante perseverante puede encontrar verdaderas joyas, por ejemplo los techos mudéjares de algunas de sus iglesias. Sin embargo el regalo más importante de Guadix a la humanidad – un hombre y la metáfora que él desarrolló – apenas se comenta, a pesar de ser parte integral de nuestra cultura: su uso continuo en la literatura, en los chistes y hasta en las películas de Hollywood.

Salvo en el nombre de una calle del casco antiguo y de un hotel, la figura de Ibn Tufail (o ‘Abentofail’ como lo suelen escribir los guadijeños) es poca reconocida hoy en día. Si se habla de él, es como una persona remota, un escritor nacido en Guadix a principios del siglo XII, cuyo logro más memorable fue ser el mentor del filósofo cordobés Ibn Rushd – Averroes – el gran pensador que hizo tanto para la aceptación de las ideas de Aristóteles en Europa. No obstante, Abu Bakr Muhammad Ibn Tufail fue, y sigue siendo, un personaje importantísimo en la historia de las ideas. Poeta, médico, Sufi, matemático y filósofo, fue – como tantos otros – un polímata, y escribió lo que se puede considerar como la primera novela europea.

Hayy bin Yaqzan se traduce aproximadamente como ‘Vivo, hijo de Despierto’ y es el único ‘romance’ de Ibn Tufail que ha sobrevivido hasta nuestros días. Basándose en un cuento del filósofo persa Ibn Sina, es la primera ‘historia de náufragos e islas desiertas’ que existe, y es la inspiración de tantas otras más conocidas, desde Robinson Crusoe de Daniel Defoe, hasta la película Cast Away de Tom Hanks.

Hayy bin Yaqzan cuenta la historia de un bebé – Hayy – hijo de una princesa, cuyo nacimiento se tiene que esconder. El recién nacido es abandonado en una isla ecuatorial, donde una cierva lo cuida y lo amamanta. El bebé se hace niño, luego joven y finalmente hombre. Tiene un intelecto prodigioso, y pasa sus días analizando el mundo a su alrededor para poder entenderlo. Como buen científico, observa fenómenos naturales, desarrolla teorías para explicarlos, y vuelve a observar para ver si sus ideas son correctas. Así descubre cosas como la circulación de la sangre, el efecto y los usos del fuego y el movimiento de los astros. Cada fase de su aprendizaje dura siete años y su conocimiento va creciendo hasta que llega a los conceptos del alma y del Creador. Finalmente, en un momento vívido y transcendental, pasa de una comprensión intelectual a una experiencia intuitiva y directa de la Realidad.

En este momento llega otra persona a la isla. Se llama Asal, un hombre contemplativo que viene buscando un lugar tranquilo. Cuando se conocen, Hayy y Asal descubren que comparten las mismas ideas – uno por experiencia directa y el otro a través del razonamiento – y deciden viajar juntos a la ciudad de Asal para comunicar a la gente lo que saben. Sin embargo, ahí en la ciudad, descubren que pocos quieren – o pueden – escuchar y entender lo que tienen que contar, y al final los dos vuelven a la isla.

Se dice que después de Las mil y una noches, el cuento de Hayy es la obra de literatura árabe más traducida que existe. En el siglo XIV, ya había una traducción al hebreo con un comentario por el filósofo judío Moisés de Narbona. Esta se tradujo al latín en Florencia en el siglo XV. En Inglaterra hubo varias traducciones a partir de 1671, tanto al latín como al inglés. Una, la de Simon Ockley, salió en 1708. Apenas una década después, Defoe publicó Robinson Crusoe.

En su momento se creía que Defoe se había inspirado en la historia de Alexander Selkirk, un marinero escocés que había sobrevivido cuatro años en una isla chilena, y es probable que las vivencias de Selkirk tuvieron su influencia en la escritura de Crusoe. Sin embargo hay muchos ecos de Hayy bin Yaqzan en la obra de Defoe, en parte en la aparición de un segundo personaje (Man Friday) y sobre todo en la tercera parte de la historia, donde Crusoe narra su visión del ‘mundo angélico’ – una referencia inequívoco a las experiencias de Hayy.

Con la publicación de Crusoe, la metáfora tan potente de una persona que vive sola en una isla, que se enfrenta al mundo, obligada a entenderlo y a vivir una vida contemplativa, entra definitivamente en la cultura occidental. Es un símbolo perfecto de la condición humana, y hoy en día está tan integrada que se olvida de dónde viene o quién lo introdujo por primera vez. Pero la influencia de Ibn Tufail, nativo de Guadix, perdura; y continuará inspirando a más gente como ya ha hecho con tantos otros durante casi un milenio.

Link Original: http://www.idriesshahfoundation.org/es/historias-de-naufragos-e-islas-desiertas/

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