El cuento-enseñante

Idries Shah y su revolucionaria contribución al cuento-enseñante

Por Robert Twigger

Traducido por Jason Webster

‘Dime un hecho y aprenderé, dime una verdad y creeré, pero cuéntame una historia y vivirá en mi corazón para siempre.’

Refrán americano nativo

‘Todos los cuentos enseñan, lo quiera el narrador o no. Enseñan el mundo que creamos. Enseñan la moralidad que vivimos. La enseñan mucho más eficazmente que los preceptos e instrucciones morales.’

Philip Pullman, autor de la trilogía His Dark Materials, hablando en 1996

‘Todo lo que sabemos viene en forma de una historia, una narrativa con un principio y un final. Las recetas de los cocineros y el manual de la última versión de Windows son historias tanto como un culebrón de la televisión. Una cosa solo tiene sentido cuando podemos meterla en una historia.’

Dorothy Rowe, The Independent el domingo, 31 de marzo de 1996

‘Las historias son ayudas de la memoria, manuales de instrucciones y brújulas morales.’

Aleks Krotoski, The Observer, 7 de agosto de 2011

‘La clave para el futuro del mundo es encontrar los cuentos optimistas y dejar que se conozcan.’

El cantante y compositor estadounidense Pete Seeger (1919-2014)

Es quizás difícil que la gente inmersa en el mundo actual -donde el valor altamente estimado del cuento es casi un cliché- entiendan que en los años 50 y 60 las historias se consideraban aptas solamente para los niños pequeños. Los valores narrativos fueron rechazados en favor del ‘tema’, el contenido y el mensaje, y la idea de que los empresarios o científicos podrían beneficiarse de los cuentos se veía como algo ridículo. La gente toma las historias en serio hoy en día porque Idries Shah demostró -de una manera precisa y técnica- cómo un cuento puede funcionar en todas las dimensiones más allá de la mera diversión. Coincidente con su rigurosa exposición del potencial del cuento, hubo un enorme aumento general en el tema -desde el trabajo de Joseph Campbell, hasta los antropólogos que rechazaron las ideas del estructuralismo, a través de los coleccionistas folcloristas de historias- hasta un resurgimiento en Hollywood centrándose más en la narrativa en lugar de solamente en el impacto emocional de sus películas. Pero todo esto habría carecido de significado, en realidad, sin el papel central del cuento como un mecanismo de enseñanza. La Biblia y la epopeya de Gilgamesh habrían quedado apenas como ‘grandes historias’ en lugar de como los restos fracturados y distorsionados (a través de traducciones y demás) de innumerables cuentos-enseñantes que hasta cierto punto pueden descomprimirse fructíferamente hoy en día.

Pero primero, ¿qué queremos decir con un cuento-enseñante? ¿Qué hace que un cuento-enseñante sea diferente de un cuento normal?

Un cuento común descomprime relaciones e ideas inherentes a las condiciones de partida, o plataforma, de la historia. La plataforma está formada por los personajes y su situación. Cuando esta plataforma está alterada, o inclinada, tenemos la oportunidad de ver los diversos elementos de recombinación en formas agradables que también demuestran, a veces, verdades sobre nosotros mismos. Todas las historias pueden ‘enseñar’ hasta cierto punto, pero un cuento-enseñante como Shah ha demostrado, si tiene sentido técnico, debe permitir múltiples interpretaciones que fomenten nuestro desarrollo espiritual / psicológico.

Un cuento-enseñante -que puede ser tan corto como una broma o tan largo como una novela- lo hace representando ciertas relaciones de una manera que ayuda al crecimiento humano hacia una mayor comprensión de las verdades eternas, principalmente mediante la eliminación de bloques que obstaculizan la percepción de la naturaleza impresionante de la realidad. Tales historias nos empujan hacia una mayor y más profunda comprensión de nosotros mismos, de nuestros vecinos y de nuestro lugar en el gran esquema de las cosas. Se ha dicho que tratar de mantener a la vez en la mente la conciencia de ser una gota de agua y también la conciencia de estar unido con el océano es una metáfora que muestra el terreno difícil con el cual tropieza el gran esfuerzo espiritual. Los cuentos-enseñantes ayudan a navegar por ese terreno, permitiendo un crecimiento lento y constante en perspectiva. Proporcionan un contexto que la mera información no puede.

La Premio Nobel Doris Lessing escribió: Un verdadero cuento-enseñante, ya tenga miles de años o pocos, va mucho más allá de las parábolas que todavía forman parte de nuestra cultura. Una parábola tiene un mensaje simple: esto significa eso. Las formas actuales de ‘enseñar’ la literatura en los colegios y las universidades pueden dificultar que los literatos se enfoquen en la literatura Sufi como deberían: los Sufis no deconstruyen un cuento para encontrar su significado, pero citan el caso del niño que desmontó una mosca y, quedándose con un montón de alas, una cabeza, y las piernas, preguntó ‘¿Y dónde está la mosca?’ En otras palabras, un estudiante aprende a usar la mente de maneras que no nos son familiares, se ‘empapan’ en el material, ignoran el enfoque analítico y la práctica de memorizar y regurgitar. El significado de un cuento Sufi viene a través de la contemplación y puede tardar años.’

Como escribió el psicólogo Robert Ornstein:

‘Superficialmente, los cuentos-enseñantes a menudo parecen ser poco más que cuentos de hadas o folclóricos, pero están diseñados para encarnar -en sus personajes, tramas e imágenes- patrones y relaciones que nutren una parte de la mente que es inalcanzable en formas más directas, aumentando así nuestra comprensión y amplitud de visión, además de fomentar nuestra capacidad de pensar críticamente.’

Un cuento-enseñante clásico que aparece en muchos lugares y muchas formas es la historia del elefante en la sala, o los hombres ciegos y el elefante. Aparece en muchas tradiciones de cuentos orientales e incluso es ilustrado por el grabador de madera japonés del siglo XVIII Hokusai. En su forma más simple, cuatro ciegos se encuentran con un elefante, o cuatro eruditos entran por separado en una sala oscura que contiene un animal que solo conocen como un elefante. Uno agarra la trompa y dice a todos que es como una serpiente. Otro toca las piernas y dice que es como un pilar. Otro agarra la oreja y dice que un elefante es como un abanico. El último siente la piel y dice que un elefante es como una pared. En algunas versiones llegan a darse golpes, pero en otros un quinto hombre que no está ciego, o simplemente tiene una lámpara para iluminar la sala, es capaz de explicar que solo han entendido fragmentos y no el todo. Uno puede encontrar de forma inmediata aplicaciones para esta historia, el más obvio siendo la religión (un tema que trata con las cosas que no podemos ver ordinariamente y sobre lo cual en general solo tenemos opiniones). La historia enseña de una manera que un refrán no puede: establece algunas relaciones básicas que se pueden interpretar de varias maneras diferentes. Por ejemplo, podríamos extrapolar el final y preguntarnos cuál sería la mejor manera para que el hombre dotado de visión explique la situación. Pensando en esto aprendemos; la historia nos enseña.

Una posdata interesante a esto es cómo el cuento del ‘elefante en la sala’ se ha deformado en inglés hasta convertirse en una frase cotidiana que significa una cosa enorme pero que no se puede mencionar, la cual todos ignoran, o que se niegan a ver. Ese tipo de significado simple muestra la forma en que un cuento-enseñante, si no se mantiene, puede acabar siendo una mera narrativa (o micro narrativa en este caso).

Otro aspecto de cómo las historias enseñan se puede ilustrar a partir de un fragmento de un cuento que aparece en varias historias de hadas recalibrado por Idries Shah para hacer que el elemento de desarrollo que contienen sea más fácil de entender (en el sentido de ayudar a uno a crecer en vez de proporcionar entretenimiento). En este fragmento un valiente protagonista debe cruzar un foso vigilado, escalar una muralla y derrotar a más guardias para llegar a una hermosa princesa en la torre. Gracias a la información que ha conseguido antes, el héroe sabe cómo crear una distracción para que un grupo de guardias ataque a otro, dejándole tiempo y espacio para rescatar a la princesa. Cuando miramos un aspecto de la historia, encontramos una analogía útil donde la princesa se ve como la iluminación y el héroe como un buscador que está bloqueado por varias barreras mentales. La princesa está guardada (pero en realidad, encarcelada) por muchos vicios diferentes, ataduras, hábitos mentales que nos impiden apreciar la verdadera extensión de la realidad (lo que la princesa representa). Pero estas obstrucciones mentales no pueden ser combatidas en plan directo, que sólo las hace más grandes (en otras historias esta idea se representa con los monstruos que se convierten en miles de monstruos cuando se los ataca. También lo vemos en las películas Matrix cuando el Agente Smith se multiplica infinitamente cuando está en combate con el héroe). Un método para derrotar a estos monstruos es usar un vicio para apaciguar a otro: ‘Enfrentando a los guardias unos contra los otros’. En un nivel más prosaico, si eres perezoso y también adicto a los cigarrillos, utiliza tu pereza -no querer levantarte e ir a comprarlos- para contrarrestar la adicción. Si eres vano y también codicioso, usa tu vanidad sobre tu apariencia como motivación para dejar de comer. El problema con los vicios es que, como los guardias, se interponen en el camino. Cuando hacemos que se enfrenten entre sí, podemos empezar a ver más claramente y dejar de bloquear nuestro propio camino. El punto más importante es que al presentar miles de cuentos, Idries Shah proporcionó un vocabulario, o si prefieres una biblioteca simbólica, de formas de usar los cuentos para ayudar no solo en el desarrollo personal en un sentido externo, sino también en la eliminación de bloqueos para permitir una mayor percepción de la realidad. Una vez que el concepto de que las historias pueden ser realmente instrumentales en este sentido técnico (más allá del poder de inspirar las mentes jóvenes, capturando nuestras emociones, etc.), podemos empezar a buscar los mismos patrones en todo el arte tradicional y popular. Desarrollarás el talento para decodificar hasta cierto punto objetos antiguos; tú también ganarás la capacidad de empatizar con nuestros antepasados ​​en lugar de verlos como alienígenas de otra dimensión espacio-tiempo.

Una característica curiosa de algunas versiones del síndrome de Asperger es una aversión a las historias. Sabemos por el trabajo del Dr. Ian McGilchrist (El Maestro y su Emisario) y otros, que la escala de Asperger puede ser leída como varios grados de excesiva dominación del hemisferio izquierdo del cerebro. Es el lado derecho del cerebro que proporciona la visión global, la intuición perspicaz rica en contexto, a diferencia de la visión limitada y detallada del hemisferio izquierdo del cerebro. Por supuesto que ambos lados trabajan juntos; lo que es perjudicial es cuando el cerebro izquierdo piensa que puede hacerse cargo de todo. Es el lado derecho del cerebro que ‘ama las historias’ y que puede ver a la vez todas las dimensiones posibles en una historia. Idries Shah nos da herramientas del cerebro izquierdo (palabras, narraciones, conceptos) para apoyar una versión holística del cerebro derecho del mundo; y es en las historias que vemos la amalgama perfecta de hemisferios izquierdo y derecho trabajando juntos en el nivel más alto. La jerga técnica mezclada con diagramas y números parece poca cosa en comparación con la sutileza y las posibilidades expresivas de incluso una historia simple. El lenguaje básico en un modo de contar historias puede llegar a ser más complicado -como en un caso legal- pero la realidad es que la mejor historia gana. Un abogado me confió una vez que un caso nunca se gana en el discurso: siempre se gana persuadiendo hábilmente al juez y al jurado, tan pronto como sea posible, para ver los hechos a través de una cierta ventana, un cierto ángulo. En otras palabras, dales un mecanismo para contar una historia.

Ya que no podemos escapar de la historia debemos abrazarla y usarla en su forma superior, el cuento-enseñante. Incluso la ciencia no puede escapar del poder de los cuentos. Es instructivo leer cómo se originó el nombre ‘agujero negro’. Al principio, este fenómeno (que por definición no puede conocerse directamente) fue calculado en 1916 por el físico Schwarzchild y se conocía como ‘fenómenos asociados con el radio de Schwarzchild’. Finalmente, la investigación se expandió de tal manera que se necesitaba otro nombre. A principios de los años 60 el físico Robert Dicke empezó a usar un término más simple. En la familia Dicke, cuando algo se perdía, todos decían que se había absorbido en el ‘agujero negro de Calcuta’. Así que cuando el físico Dicke empezó a hablar de la fuerza gravitatoria intensa de una estrella colapsada, dijo que era como ser atraído hacia el ‘agujero negro de Calcuta’. Con lo cual el origen se refiere a otra historia, la del motín en la India de 1857. Fue el drama de esa historia lo que le dio el impulso para que se utilizase para nombrar el radio Schwartzchild. Pero todavía el nombre no fue usado por todos hasta 1967. Y es el físico John Wheeler a quien se le atribuye la popularización del ‘agujero negro’ como un sustantivo en lugar de una metáfora. Él dijo que el dar nombres a las cosas en la física es de vital importancia ya que afecta cómo pensamos acerca de ellas y cuánta atención les damos a ellas y a sus partes constituyentes. ¡Suena como un novelista hablando de los nombres de sus personajes! Pero también como alguien que habla sobre los cuentos-enseñantes, en el sentido de que el nombre encapsula una historia enterrada. Lógicamente no tiene sentido, pero todos sabemos que un nombre atractivo como ‘agujero negro’ es mucho más fácil que el radio de Schwarzchild, más propenso a atraer interés (y financiación).

Este desvío hacia la física es para mostrar cómo el concepto del cuento-enseñante presentado por Shah ya existe en una forma naciente en la cultura y siempre está reapareciendo… es lo que hacemos. Lo que Shah hizo fue afilar esta herramienta contundente y hacerla útil para estudios superiores, es decir, el área donde podemos hacer preguntas útiles que la ciencia y el arte no pueden contestar.

Link Original: http://www.idriesshahfoundation.org/el-cuento-ensenante/

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