Lo Que Malinterpretan Los Padres

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La percepción errada es una cosa natural en la paternidad. Las madres y los padres ven a sus hijos como quieren verlos –a menudo, continúan mirándolos igual desde el nacimiento. También persisten en ver futuros imaginados de sus hijos. Si tu madre o padre expresó alguna vez el supuesto que debías seguir sus pasos profesionales, ya conoces esto. O tal vez la etiqueta parental de ‘mi bebé’ continua en tu vida adulta. Si eres tu mismo padre, seguramente tendrás culpa o suposiciones similares a estas –pero tal vez no te des cuenta.

No hay una causa simple para las percepciones erradas de los padres, pero un lugar para comenzar a mirar, según los expertos, es en un espejo. Como criaturas egocéntricas, vemos el mundo a través de la perspectiva que conocemos mejor –la nuestra.

Tenemos mucho más información sobre nosotros mismos que sobre otras personas y esto influencia nuestras suposiciones y juicios sobre las personas con las que interactuamos cada día, definitivamente se incluyen nuestros hijos.

También hacemos juicios altamente subjetivos sobre nosotros mismos. En lo profundo, la mayoría de nosotros cree que somos especiales de alguna manera, que poseemos cualidades que nos apartan de las masas. “El sesgo egoísta da a las personas un sentido exagerado de diferenciación”, dijo la psicóloga Judith Rich Harris, autora de The Nurture Assumption: Why Children Turn Out the Way They Do. Esta ilusión positiva otorga beneficios psicológicos reales: Promueven optimismo, por ejemplo, y nos dan un mayor sentido de control sobre nuestro futuro.

Los padres, para bien o para mal, extienden estas ilusiones positivas en sus niños, creyendo, consciente o inconscientemente, que sus hijos poseen cualidades que también reflejan favorablemente sus habilidades como padres. “Si los hijos salen bien”, dijo Harris, “se puede atribuir a que los padres están haciendo algo inusual en su metodología de crianza, sin darse cuenta que lo que hacen es casi idéntico a lo que la mayoría de los padres en el vecindario están haciendo”.

Por supuesto, para alimentar nuestro ego, ayuda ver a nuestros hijos con la mejor luz positiva. “A menos que tengan un conflicto, una relación horrible, los padres dan a sus hijos el beneficio de la duda”, dijo el psicólogo Mark Leary de la Universidad Duke. “Creen que sus hijos son más inteligentes de lo que son y probablemente más atractivos de lo que son en realidad”.

La biología también juega un papel en el rol del sesgo de los padres. Desde una perspectiva evolutiva, estamos programados para asegurar la reproducción y que pasemos nuestra línea genética en futuras generaciones y evitar la extinción. Nuestros hijos representan una inversión biológica en nuestro futuro y estamos impulsados a adoptar una conducta estratégica para proteger esta inversión.

Puede sonar poco sentimental. ¿No debería estar el amor y el afecto en medio de cómo miramos a nuestros hijos? La respuesta es sí, dijo el psicólogo del desarrollo de la Universidad California Davis, Jay Belsky, pero estas emociones no son necesariamente los motivantes que creemos que son. “Tenemos esta noción mal informada en la cultura Occidental, y ciertamente en la psicología Occidental, de que los padres, invariable, incondicional e indiscutiblemente aman a sus hijos y están dedicados a ellos”, dijo Belsky, “Cuando de hecho, en el análisis evolutivo, los hijos son una inversión que hacen los padres, tal vez sin saberlo, como una función donde obtendrán algo de regreso de estos niños”.

A continuación daremos siete de las mal interpretaciones más comunes entre los padres, y sus fuentes:

 

  1. “Mi Hijo Es “. Jennifer Watson, 47, creció en el campo en Camden, Carolina del Norte, cerca de Great Dismal Swamp. Es la única hermana de cuatro hombres, las luchas, trepar árboles y las carreras de motocicletas definieron su infancia. “Siempre estaba alrededor de niños y sus amigos”, dijo Watson, quien ahora vive en Richmond, Virginia. “Tenía miedo de probar cosas que las niñas hacían”. Estaba convencida de que si tenía hijas algún día, serían tan rudas y audaces como ella había sido. Watson dio a luz a tres niñas y también tiene una hija adoptada. Pero la hija mayor, de 21 años, Jenna, e Isadora, de 13 años, tienen poco interés en su visión de juego. “No traté de hacerlas elegir entre un camino y el otro”, dijo Watson, “simplemente sentía que si tenía hijas, ellas deberían de portarse como niños porque yo me había sentido así profundamente”. Watson asumió que las niñas seguirían sus pasos naturalmente y que esto era algo natural. Pero esperar criar a un niño “fuera de la norma” lleva a una percepción errónea de cómo el niño se desarrollará en realidad y del control limitado que los padres tienen en este proceso. En realidad, el ambiente en la casa para los niños es solo uno de múltiples factores que influencian en lo que serán más tarde. La percepción de Watson de ser “criada fuera de la norma” también indica hacia una suposición de que los rasgos de personalidad mayores son hereditarios –sólo porque ella comparte un legado genético con sus niñas, ellas naturalmente querrán igualarla. La verdad es que Jenna, Isadora y su gemela Odessa podrían haber amado las princesas, NASCAR, astrofísica o todas las anteriores y hay muy poco que Watson hubiera podido hacer al respecto. Este es el error que muchos padres cometen –creen que sólo porque sus hijos tienen ‘sus genes’ van a ser como ellos, o el cómo los educo y cómo los crío los van a hacer como yo soy”, dijo Leary.

Estudios de conducta genética muestran que, en promedio, la personalidad está determinada genéticamente en una mitad, y la otra mitad se determina por el ambiente. “y la mitad que corresponde al ambiente no necesariamente son los padres”, nota Leary. ¿Porqué entonces tantos padres están convencidos de que sus hijos son exactamente como ellos, aún cuando la evidencia sugiere lo contrario? “Los padres notan las similitudes entre sus hijos y ellos mismos mucho más que las disimilitudes”, dijo Leary. “Así que cuando un niño hace algo como el padre, o se enoja de la misma manera que él, o tiene las mismas actitudes, el padre se fijará mucho más en esto que en los momentos donde hay diferencia. Pero de hecho, las diferencias probablemente sean mayores que las similitudes”.

Los padres pueden profundamente influenciar la vida de sus hijos al ponerlos en escuelas donde se motivarán y pueden crear un ambiente en casa que apoye la creatividad, Harri escribió. Pero muchos intentos de los padres para modelar la conducta típicamente no son tan efectivos, y los padres y madres generalmente encontrarán que no hay mayor influencia en la conducta de sus hijos como sus compañeritos de escuela.

Peor si los padres no son la principal influencia en cómo los niños crecen, ¿cómo podemos motivarlos para que realmente sean fuera de la norma como Liza Minnelli y Judy Garland; Peyton, Ely y Archie Manning; o Ben y Jerry Stiller? Estos ejemplos no son tan sorprendentes, Harry dice, porque los padres tienen cierta influencia sobre sus hijos, en algunos casos más que en otros. Genéticamente, los padres pueden pasar ciertas características físicas y psicológicas, y en cuanto al medio ambiente, pueden proveer a sus hijos con entrenamiento, contactos y ponerlos en el camino de cierta carrera profesional. Seguir con el negocio familiar algunas veces es sólo una decisión financiera.

 

  1. “Mi Hijo Es Superdotado”. Vivimos en una era inusual de paternidad en EEUU, una donde las familias tienen menos hijos en promedio que antes en la historia. Entre 1970 y 2007, mientras los nacimientos disminuían, el promedio de población en EEUU cayó de 3.14 personas a 2.56. Desde un punto de vista evolutivo, tener menos huevos en nuestra canasta familiar puede llevar a los padres a poner más atención en los pocos que se tienen para su sobrevivencia. Comparado con periodos donde tener múltiples hijos era más común (en parte se debía al riesgo de mortandad infantil que era mucho mayor), “hemos invertido mucho más en nuestros hijos hoy día”, dijo Leary.

La psicóloga evolutivo Jennifer Hahn-Holbrook de la Universidad Chapman en Orange, California, está de acuerdo. “Cuando todas nuestras esperanzas para nuestra línea genética están atadas a un solo huevo, vas a invertir todo lo que tienes en este huevo”. Pero si tienes, supongamos unos seis o siete hijos, podrás invertir menos en cada uno porque ninguno de ellos será el único y el todo de tu éxito reproductivo”.

Los cambios sociales a largo plazo también han tenido un impacto. Alguna vez le tomó a una sola aldea de familias extensas y de vecinos cerrados el criar a un niño, peor ahora somos una nación y unidades familiares independientes. Los padres hoy día en gran parte sin la guía y experiencia que alguna vez recibieron de los ancianos, y tienen menos experiencia en el día a día para observar la conducta de otros niños y sus padres. Pueden terminar por llegar a conclusiones sobre sus niños basadas en una muestra muy limitada –lo que está sucediendo en sus propias casas.

Esto alimenta un pensamiento circular donde, junto con el deseo de elevar el estatus del niño en una economía competitiva con mensajes mezclados sobre el éxito, puede contribuir a la percepción errónea común de que “mi hijo es superdotado”.

Si quiero decidir si mi hijo se desarrolla mejor o peor que los demás niños, realmente estoy operando con una información muy pobre,” dijo Leary. “Eso no hubiera sido cierto para la mayoría de la evolución humana, incluyendo la historia reciente. Creo que tenemos más lugar para hacer este tipo de errores en nuestros juicios sobre nuestros hijos que en cualquier otra época de la historia”.

Este fenómeno es llamado “el efecto Lago Wobegon”, después e que Garrison Keillor publicó sus series radiofónicas A Prarie Home Companion, que se anuncia como emitido desde un pueblo donde “todas las mujeres son fuertes, todos los hombres son apuestos y todos los niños están por encima del promedio”.

“¡Claro que mi hijo es superdotado!” dijo el profesor de Antropología de la Universidad de Nevada, Las Vegas, Peter Gray. “También está el efecto Halo: si amas a tu hija, la miras con lentes color rosa, así que será más atractiva, más inteligente y más sociable y académicamente dotada. Desde una perspectiva evolutiva, podrías afirmar que se trata de una adaptación, parte de facilitar el apego que siente el padre por sus hijos, y esto hace que el padre quiera hacer todo por los niños”.

  1. “Todavía Es Mi Bebé”. El apego también podría explicar porque muchos padres siempre ven a su hijo más pequeño como el bebé de la familia, muchas veces literalmente, aún cuando él o ella ya sean adultos completos.

En un estudio realizado en el 2013, la psicóloga del desarrollo Jordy Kaufman, de la Universidad Swinburne Australia, entrevistó a 747 madres y encontró que el 70% reportó que su primer hijo (todos tenían entre 2 y 6 años) parecían crecer de pronto ante la llegada del nuevo hermanito.

Kaufman dice que el cambio en la percepción ocurre porque las madres tienen una percepción del niño nuevo (o del único hijo) como más pequeño de lo que es realmente –unos 5 centímetros más pequeño, en promedio. Cuando un bebé nace, el “hechizo” se rompe y la madre finalmente ve al hijo que una vez fue el más pequeño como realmente está, mientras que presumiblemente transfiere esta “ilusión del nuevo bebé” al hijo que acaba de nacer.

El concepto de los padres sobre los bebés tiene una influencia en cómo ven al hijo más joven potencialmente por el resto de sus vidas”, dijo Kaufman. “Y no actualizan su concepto. Hasta que otro hijo nace”. En este momento, el nuevo niño se vuelve “el bebé” y se espera que continúe de esta manera, al menos a los ojos de los padres.

  1. “Mi Hijo Mayor Es Un Holgazán”. En el otro extremo del espectro, los padres pueden ver a sus hijos mayores como holgazanes, un subproducto de las altas expectativas que se tienen en cuando a la excelencia académica y ser un ejemplo para sus hermanitos(as) menores. La frase paternal “Podrías intentarlo más” puede ser familiar para los hijos mayores, pero la realidad es que, en promedio, el hijo mayor rebasa el desarrollo académico de los hijos menores.

En un estudio realizado en 2013, los economistas Joseph Hotz de la Universidad de Duke y Juan Pantano de la Universidad de Washington en St. Louis, entrevistaron a padres y los separaron en dos categorías: una llamada “implacables”, donde estaban dispuestos a disciplinar a cualquiera de sus hijos por un desempeño escolar pobre sin importar el orden de nacimiento, y los padres “perdonadores”, quienes no castigarían a ninguno de sus hijos, sin importar el orden de su nacimiento.

Hotz preguntó al grupo último una pregunta hipotética sobre cada hijo en la familia: “Si él o ella traían a casa un reporte con calificaciones más bajas a las que se esperaban, ¿qué tanto se harían de la vista gorda en las actividades del niño(a)?” Las respuestas revelaban que los padres perdonadores podrían ser más duros con sus hijos mayores y supervisarlos más de cerca que con sus otros hijos. Hotz tiene la teoría de que este sesgo aparente contra el hijo primerizo de hecho es un esfuerzo para enviar un mensaje a los hijos menores de que los padres están a cargo y habrá retribuciones si ellos tienen un buen desempeño académico. Este fenómeno se llama “disciplina en goteo”, explica Hotz, “pones tu mayor energía en el hijo mayor para que quede claro el mensaje”.

Los padres en este estudio tuvieron todos buenas intenciones, dijo Hotz, y sus reacciones al dilema de la “holgazanería” podrían ser sólo un intento para remediar un problema percibido. Los padres eligen disciplinar a sus hijos dependiendo de sus propias prioridades, dijo, pero encontró un común denominador en el trato diferente a los niños dependiendo de su posición en el orden de nacimiento en la familia.

  1. “El Peso De Mi Hijo Es Saludable”. Las ramificaciones de la percepción errónea de la altura de un niño son benignas, pero no es el caso cuando los niños presentan sobrepeso.

En Febrero, la investigadora Alyssa Lundahl de la Universidad de Nebraska y dos colegas emitieron una revisón de 121 estudios pasados que cubrían más de 80,000 estimados del peso de los niños según sus padres. Encontraron que más de la mitad de los padres con hijos en obesidad subestimaron el peso de sus niños, y los padres de niños entre los 2 y 5 años fueron más inclinados a hacerlo –un resultado particularmente perturbador pues los niños con sobrepeso en esta edad tienen una probabilidad 5 veces mayor de seguir con sobrepeso a la edad de 12 años.

En este caso, las influencias externas –en particular los medios de comunicación- podrían ser los culpables de esta percepción errada. Lundahl cree que los padres que no tienen una comprensión suficientemente precisa del peso saludable para sus hijos es debido a que los medios se enfocan sólo en los casos extremos de obesidad. Básicamente, la imagen mental de los padres sobre el peso de sus hijos y los riesgos de tener obesidad, se han distocionado.

Pero hay una capa más para este error perceptivo –la negación. “Los padres podrían ser resistentes a etiquetar o estigmatizar a su hijo”, Lundahl dijo, y podrían buscar evitar las reflexiones negativas sobre ellos mismos. Reconocer el problema de peso de un niño, dijo, “podría significar que tal vez estén alimentando incorrectamente a sus niños o promoviendo hábitos de vida poco sanos”. Además, para tener un cambio los padres también deben hacer cambios en su estilo de vida que tal vez no deseen.

  1. “Mi Hijo No Puede Ser Un Bully (Abusador)”. La negación también está en el corazón de la percepción errada de la agresión infantil. Estudios han mostrado que los padres fallan en reconocer cuando sus hijos son víctimas o victimarios del maltrato. “Muy pocos niños comunican a sus padres cuando son maltratados o cuando maltratan”, dijo la psicóloga social Debra Pepler de la Universidad de York en Toronto, experta en prevención de maltrato infantil. “Es una experiencia muy vergonzosa el ser victimizado por los compañeros, y hay una variedad de razones por las cuales un niño no diría a sus padres o maestros. Algo de esto tiene que ver con el pensar que los padres o los maestros hará que se pongan peor las cosas”.

Al comienzo de los 90s, Pepler estudió a dos grupos de niños: Uno, identificado como altamente agresivo, fue referido a un entrenamiento de habilidades sociales por sus maestros. El otro fue un grupo de comparación, con niños de la misma edad, género y raza étnica, quienes habían sido identificados por los maestros como socialmente competentes. Pepler colocó micrófonos en los dos grupos y observó su conducta en el jardín de juegos. Sus hallazgos la desconcertaron: Los niños socialmente competentes y los niños socialmente incompetentes maltrataron a otros niños e la misma edad de igual manera.

“Después de este estudio, muchas investigaciones han mostrado que han diferentes tipos de niños que son maltratados”, dijo Pepler, “y aún los niños con altas habilidades sociales se vuelven más populares cuando molestan a otros. Así que no es de sorprender que algunos padres piensen que sus niños nunca serán bullies (maltratadores)”.

El bullying (maltrato) es una conducta compleja y el aprender a identificar si un niño es víctima o victimario no es fácil; algunas veces son ambos. Es otro asunto que podría exacerbar la paternidad del estado moderno actual sin un fuerte sistema de apoyo. “Nuestros niños están muy desconectados comparado con quienes viven en un país desarrollado”, dijo Pepler. Los padres podrían ver a sus hijos con una luz positiva indebida o simplemente negar sus problemas.

  1. “Mi Nuera Quiere Mis Consejos”. Sería lindo pensar que para el tiempo que alcanzamos la edad adulta y comenzamos nuestra propia familia, estaremos libres de las malas interpretaciones de nuestros padres. Pero este no es el caso.

Cuando los niños crecen y se casan, llega una nueva serie de interpretaciones erradas, según la psicóloga social Terri Orbuch del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan. Entre ellas está la creencia, especialmente en los primeros años de matrimonio de un hijo, de que el consejo de los padres y su guía son invaluables -y bienvenidos.

En 1986, Orbuch comenzó a seguir a 373 nuevas parejas para entender mejor las presiones y la naturaleza del matrimonio. En 2012, emitió los resultados encontrados, cuando los esposos tienen una relación cercana con sus suegros, la pareja disminuye el riesgo de divorcio en un 20%. Sin embargo, cuando las esposas reportaron una relación más cercana con los padres de su esposo, la pareja elevaba el riesgo de divorcio en un 20%.

“Cuando el hombre se siente cercano a sus suegros”, dijo Orbuch, “envía una señal a la esposa de ‘tu eres importante para mi, así que tu familia es importante para mi’. Los hombres también tienden a tomar los comentarios de los suegros de modo menos personal”.

Sin embargo, las mujeres son más orientadas a la relación que los hombres, dijo Orbuch, y son más sensibles a los comentarios sobre su rol en la familia, este hallazgo se confirmó en la investigación. “Las mujeres –esposas- toman estos comentarios muy personales porque dicen algo sobre nosotros como individuos o sobre nuestro sentido de auto valor – y cuando se trata de la suegra, pueden ser interpretados como entrometidos”, dijo Orbuch.

Conscientemente o no, una suegra puede llevar a un matrimonio al límite con su participación, dijo Orbuch. Aún así, la psicóloga Joshua Coleman, jefa de Council on Contemporary Families, dijo que las suegras deben tener más soltura mientras se adaptan a su nuevo rol: “Muchos padres tienen un tiempo difícil navegando en la disminución natural de la atención y la disponibilidad –y amor, realistamente- de su hijo adulto cuando forma una relación formal con su esposa”, dijo.

La interpretación errónea se eleva y se presenta en ambos lados y, en un primer vistazo, desafía la lógica. El factor de intensidad de muchas relaciones entre padres-hijos puede volverse casi inmutable. Todo lo que tenemos que hacer es reconocerles y trabajar para superarles. “En lo profundo, debemos darnos cuenta que nuestros hijos son diferentes a uno y este es probablemente el mejor regalo que podemos darles,” dijo Jennifer Watson. “Necesitas nutrir esto y simplemente dejarlos ser lo que son realmente.”

 

Mama, Todos Somos Superdotados

¿Cómo decidimos que lo mejor para nuestros hijos es lo más importante para cualquier niño y será posible para cada padre de cada niño en la escuela pensar que sus niños son superdotados –y que todos ellos tengan razón?

Absolutamente.

Es un fenómeno conocido en psicología social como definiciones de rasgos idiosincrásicos. “Cada uno de nosotros tiene una serie de filtros cuando consideramos información sobre nosotros mismos y nuestros hijos”, dijo Mark Leary. “Sin siquiera pensarlo, filtramos la información de una manera que nos es agradable”.

En otras palabras, redefinimos lo que significa un rasgo positivo para así poder decir que nosotros –o nuestros hijos- lo tienen.

Por ejemplo, la definición de nuestros padres de ser un estudiante “superdotado” podría ser cumplir con la tarea a tiempo; para otro, podría ser tener las mejores calificaciones en matemáticas. Las definiciones idiosincrásicas permiten a cada uno de nosotros mantener las percepción de que somos niños prodigio y proteger esto de los demás, dijo Leary, por muchas razones, incluyendo “para vernos mejor socialmente”.

 


Por: Nick Friedman / 1 Julio 2014 / Psychology Today

Link: http://www.psychologytoday.com/articles/201406/parents-just-dont-understand

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