Cómo el cerebro controla nuestros hábitos

habitos 

Los hábitos son conductas conectadas tan profundamente en nuestros cerebros que los realizamos automáticamente. Esto nos permite seguir la misma ruta todos los días sin pensar en ello, liberando a tu cerebro para cavilar sobre otras cosas, como qué cocinar para la cena.

 

Sin embargo, el comando del centro ejecutivo del cerebro no cede completamente el poder a nuestras conductas habituales. Un nuevo estudio de neuroscientíficos de la MIT encontró que una región pequeña de la corteza prefrontal del cerebro, donde ocurre buena parte de nuestro pensamiento y planeación, es la responsable del control momento-a-momento por el cual los hábitos se encienden durante cierto tiempo.

 

“Siempre hemos pensado –y yo aún lo hago—que el valor de un hábito es que no tienes que pensar en ello. Libera a tu cerebro para hacer otras cosas,” dijo la profesora del Instituto Ann Graybiel, miembro del Instituto McGovern para la Investigación del Cerebro en el MIT. “Sin embargo, no se libera del todo. Hay algunas piezas en tu corteza que aún están dedicadas a este control.

 

El nuevo estudio ofrece esperanza para quienes tratan de romper con malos hábitos, dice Graybiel, autora del estudio que aparecerá esta semana en Expedientes de la Academia Nacional de Ciencias. Esto muestra que mientras que los hábitos pueden estar profundamente arraigados, los centros de planeación cerebral pueden desconectarlos. También brinda la posibilidad de intervenir en esta región cerebral para tratar a las personas que sufren de trastornos involucrados con una conducta demasiado habitual, como el trastorno obsesivo-compulsivo.

 

La líder del documento es Kyle Smith, científico investigador del Instituto McGovern. Otros autores son los graduados del MIT Arti Virkud y Karl Deisseroth, profesor de psiquiatría y ciencias conductuales de la Universidad de Stanford.

 

Viejos Hábitos Tardan en Morir

 

Los hábitos muchas veces están tan incrustados que los seguimos haciendo aún cuando ya no obtenemos ningún beneficio de ellos. El equipo del MIT estimuló experimentalmente esta situación con ratas entrenadas para correr en un laberinto con forma de T. Mientras las ratas se aproximaban al punto de salida, escuchaban un tono indicando si debían dar vuelta a la izquierda o a la derecha. Cuando acertaban, recibían un premio –chocolate con leche (por dar vuelta a la izquierda) o agua con azúcar (por dar vuelta a la derecha).

 

Para mostrar que el comportamiento era habitual, los investigadores dejaron de dar premio a las ratas entrenadas, y encontraron que aún seguían corriendo en el laberinto correctamente. Luego fueron un paso más adelante, ofrecieron a las ratas chocolate con leche en sus jaulas pero la mezclaron con cloruro de litio, que provoca náusea leve. Las ratas continuaron corriendo hacia la izquierda como en su entrenamiento, aunque dejaron de tomar la leche con chocolate.

 

Cuando se demostró que los hábitos están completamente arraigados, los investigadores quisieron ver si podrían romperlos al interferir con una parte de la corteza prefrontal conocida como corteza infralímbica (IL). Aunque las redes neurales que codifican la conducta habitual parece estar localizada en estructuras profundas cerebrales conocidas como ganglios basales, se ha mostrado que la corteza IL también es necesaria para que se desarrollen estas conductas.

 

Utilizando optogenética, una técnica que permite inhibir células específicas con luz, los investigadores apagaron la actividad de la corteza IL por algunos segundos mientras las ratas se aproximaban al punto del laberinto donde debían decidir hacia donde dar vuelta.

 

Casi instantáneamente, las ratas abandonaron el hábito de dar vuelta a la izquierda (el lado que ahora contenía el premio ahora desagradable). Esto sugiere que el apgar la corteza IL cambia el cerebro de las ratas de “modo automático, reflexivo, a un modo que es más cognitivo o involucrado en la meta –procesando qué es exactamente por lo que están corriendo,” dijo Smith.

 

Una vez roto el hábito de girar a la izquierda, las ratas formaron rápidamente un nuevo hábito, dar vuelta a la derecha todas las veces, aún cuando se les indicó dar vuelta a la izquierda. Los investigadores mostraron que podían romper este nuevo hábito otra vez inhibiendo la corteza IL con luz. Para su sorpresa encontraron que estas ratas inmediatamente adquirieron el hábito original de dar vuelta a la izquierda cuando se les indicó.

 

“Este hábito nunca se olvidó por completo,” dijo Smith. “Está latente ahí en algún lugar, y lo hemos descubierto al apagar el nuevo hábito sobrepuesto.”

 

Control En Línea

 

Los hallazgos sugieren que la corteza IL es la responsable de determinar, momento-a-momento, cuáles hábitos de conducta serán expresados. “Para nosotros, lo que es realmente sorprendente es que la representación de los hábitos aun está totalmente intacta y se recupera en un instante, y hay un sistema de monitoreo en línea controlando esto,” dijo Graybiel.

 

El estudio también brinda interés sobre que tan automáticos son los hábitos de conducta, dijo Jane Taylor, profesora de psiquiatría y psicología en la Universidad de Yale. “Hemos pensado que los hábitos son inflexibles, pero esto sugiere que puedes tener hábitos flexibles, en algún sentido,” dijo Taylor, quien no formó parte del equipo de investigación. También parece que la corteza IL favorece a los nuevos hábitos sobre los viejos, de acuerdo con estudios que muestran que cuando los hábitos se rompen no se olvidan pero se reemplazan por nuevos.

 

Aunque sería muy invasivo usar intervenciones optogenéticas para romper hábitos en humanos, Graybiel dice que es posible que nueva tecnología evolucione al punto en que pueda ser una opción factible para tratar trastornos involucrados en una conducta demasiado repetitiva o adictiva.

 

En estudios de seguimiento, los investigadores tratan de señalar exactamente cuándo, al correr en el laberinto, la corteza IL seleccionó el hábito correcto. También planean inhibir específicamente diferentes tipos de células dentro de la corteza IL, para ver cuáles están más involucradas en el control de hábitos.

 

La investigación fue financiada por el Instituto Nacional de Salud; el Fondo Stanley H. y Sheila G. Sydney, R. Pourian y Julia Madadi; la Agencia de Proyectos de Investigación de Defensa Avanzada, y la Fundación Gatsby.

 


Por: Massachusetts Institute of Technology / 31 Octubre 2012 / ScienceDaily

 

Link: http://www.sciencedaily.com/releases/2012/10/121031111425.htm

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